Palabras de Bendición, Palabras de
Maldición
por Ricardo Murphy
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Cada creyente que yo he conocido quiere recibir más y más de las bendiciones de Dios. No solamente quieren ser bendecidos, pero quieren que sus familias, sus amigos y sus iglesias sean bedecidas también. La mayoría de su "tiempo de oración" se usa en pedir que Dios les bendiga, en una manera u otra. Con tanto de nuestra oración enfocada sobre pedir las bendiciones, ¿por qué no estamos recibiendo las bendiciones que tanto deseamos?
De hecho, hay numerosas razones porque acaso no recibimos una bendición; la primera es la falta de obediencia. Casi todas las bendiciones que están mencionados en la biblia son condicionales sobre nuestra obediencia a los mandamientos de Dios. Si no les obedecemos, no recibimos aquellas bendiciones. Pero, hay otra razón por la cual no recibimos las bendiciones de Dios, y esto es el tema que quiero tartar en este estudio. Es decir, nuestras palabras. Nuestras palabras traen poder. Son semillas espirituales, que "plantamos" para causar una cosecha de algún tipo u otro. No estoy refiriendo únicamente de nuestras palabras de oración, sino de todas las palabras que usamos. Todo que hacemos en la esfera espiritual es mediante nuestras palabras. Oramos con palabras, adoramos con palabras, quebramos las maldiciones con palabras, echamos fuera a los demonios con palabras, y bendecimos con palabras. Cada palabra que hablamos entra a la esfera espiritual y causa algún efecto. En el primero capítulo de Génesis, Dios creó al entero univero con Sus palabras. Repetidamente, hallamos la frase "y dijo Dios" (Gen 1:3; 6; 9; 11, etc.) seguido por "y fue así." Todo que Dios dijo, sucedió. Una parte de lo que creó Dios con Sus palabras fue nosotros, la raza humana. El nos creó en Su imagen y Su semejanza (Gen 1:26). Debido a que estamos hechos en la imagen de Dios, por lo tanto parte de aquella imagen es que nuestras palabras tienen el mismo poder creativo que tienen las palabras de Dios. Cuando decimos algo, esto occure; acaso no de inmediato, pero cuando la semilla ha tenido el tiempo para crecer (madurar), llevará una cosecha.
Muchas veces, oramos de una manera, tal como pedir que Dios nos sane, y entonces casi inmediatamente decimos el opuesto. Si nuestras palabras de oración tienen el poder de traer el cumplimiento de esta cosa por la cual habíamos estado orando, ¿por qué pensamos que las palabras que decimos cuando salimos de nuestro tiempo de oración, no harán nada? Cuando decimos el opuesto de lo que oramos, somos de doble ánimo. La biblia nos dice que cuando somos de doble ánimo, somos inestables en todos nuestros caminos (San 1:8). No podemos recibir las bendiciones de Dios cuando somos de doble ánimo. De hecho, no podemos recibir nada que pedimos en oración cuando somos de doble ánimo, porque nosotros negamos (invalidamos) nuestras propias oraciones (palabras) con nuestras otras palabras.
Dios toma nuestras palabras en serio. Cuando decimos algo, El no solamente espera que cumplimos estas palabras, pero El hace todo que pueda para assegurar que sean cumplidas (segun lo que decimos). Aun si olvidamos lo que decimos, por supuesto Dios no lo olvida. El nos requiere que cumplamos aquellas palabras.
Durante el reino de Rey David, había un tiempo cuando Dios trajo tres años de hambre extrema sobre Israel. David, siendo un hombre de Dios, sabía que hubo una razón que provocó esta gran hambre, y pedió que Dios le explicara la razón.
Este verso naturalmente surge dos preguntas. ¿Quiénes eran los gabaonitas? Debido a que Dios mandó la destrucción de todas las gentes de Canaán, ¿por qué se preocupó que Saúl mató a los gabaonitas? Cuando Josué e Israel entraron en Canaán, ellos atacaron y derrotaron primera la grand ciudad de Jericó, y luego Hai, propagó rápidamente las noticias de sus victorias. Aquellos que hablaban de ello probablemente también recordaron los milagros que hizo Dios al subir Israel de Egipto. Por supuesto esto causó gran temor en las varias gentes de Canaán. Una de aquellos grupos era la ciudad de Gabaón. En vez de prepararse por la batalla venidera contra Israel, o formar una alianza militar con las otras ciudades cerca de ellos, ellos se fueron para hablar con la gente de Israel (Jos 9:1-15). Sin embargo, ellos no fueron a Israel en total honestidad, fueron para engañarles. De algún modo, sabían que era necesario engañar a los israelitas para que ellos creyeran que fueran ellos de un lugar muy distante. Si no, no podían hacer pacto con ellos. Por lo tanto, los ambasadores de los gabaonitas se vestían en ropa vieja y sandalias desgastadas. Llevaraon pan seco y mohoso con ellos, y los odres vacíos y secos, para que parecería que ellos habían viajado de muy lejos a fin de hablar con Israel. A ese punto, Josué y los ancianos de Israel hicieron un error grave. En vez de pedir a Dios que hacer, ellos se confiaron en su propia sabiduría. Si hubieron pedido a Dios, El hubiera podido decirles del engaño que hacían los gabaonitas. Pero, debido a que no lo hicieron, ellos adelantaron e hicieron pacto con los gabaonitas.
Nosotros debemos recordar que esta gente, los gabaonitos, eran parte de la gente que Dios mandó que Israel destruyera. Por hacer un pacto con los gabaonitas, la entera nación de Israel peco, al no obedecer ese mandamiento (instrucción) de Dios. Sin embargo, a pesar de esto, Dios tomó sus palabras en serio. Una vez que ellos descubrieron el engaño, que les tomó tres días, la gente de Israel se enfurecieron. Aunque el pacto fue hecho bajo falsos pretextos, ellos no destruyeron la gente de Gabaón, solamente les esclavizaron.
En el natural, cuando un pacto o una alianza entre dos naciones esta hecho bajo falsos pretextos, es considerado ser nulo e invalido; es si nunca había existido. De hecho, va mucho más profundo que esto. No solamente es la alianza destruída, sino la mentira se hace una causa de guerrear. Los israelitas eran fieles a su pacto hasta el tiempo de Rey Saul. Dios hizo un paso adelante y apoyaba la palabra de los israelitas al mínimo hasta el tiempo de Rey David. A pesar de que la gente de Israel había hecho aquel pacto fuera de la voluntad de Dios, y aunque se basó sobre una mentira, Dios requirió que Su Pueblo le rindiera cuentas para cumplir sus palabras. Cuando Saúl quebró aquel pacto, él puso en movimiento la fuerza espiritual necesaria para traer una maldición sobre la nación de Israel. Esta maldición se manifestó durante los tres años de sequedad que ocurrieron durante el reino de David. No fue hasta que Rey David satisfació los gabaonitas (porque ellos eran aquellos que fueron agraviados) que Dios puso un alto a la sequedad de Israel.
Hay dos ejemplos del Antiguo Testamento que tratan de la ciudad de Jericó. El primero era que cuando Josué envió a los dos espías que se fueran a Jericó, ellos se escondieron en el hogar de una ramera, llamado Rahab. Aunque ella era pecadora, pasó que ella era la única persona en la ciudad que recibió una bendición en vez de la muerte. Los dos espías que dieron su palabra (prometieron) a Rahab que ella y su familia no serían matados, si se quedaron en su hogar durante el ataque.
Cuando el ejercito de Israel atacó a Jericó, Josué mandó a los dos hombres que habían sido los espías que salvaran a Rahab y su familia. También declaró así al entero ejército (Jos 6:17) para que ellos estuvieron enterados de la necesidad de guardar esta palabra. No solamente recibió Rahab la bendición de vida, sino hallamos sus nombre mencionado otra vez en la biblia. En el evangelio de Mateo, capítulo uno, Mateo comieza por dar el linaje de Jesús. En el verso 5, hallamos que ella había casado con un hombre llamado Salmón, y llegó a ser la bis-bis-abuela de Rey David, un ancestro de Jesucristo. El segundo ejemplo que trata de Jericó era la maldición que Josué habló sobre ella, después que había estado destruido.
Esta maldición era literalmente cumplida cuando la ciudad de Jericó fue reconstruido por Hiel, en primero Reyes, capítulo 16:
Fíjate que dice que la maldición que Josué había declarado era una "palabra del Señor." Aunque Josué no era considerado ser profeta, él estaba guidado por el Espíritu Santo. Como tal, cuando declaró aquella palabra, fue bajo la unción y la guianza del Espíritu Santo.
Acaso, estás diciendo a tu mismo que estos solamente son ejemplos del Antiguo Testamento, y que los asuntos no siempre son iguales en el Nuevo Testamento. Nosotros debemos siempre recordar que el Antiguo Testamente no ha pasado, existirá hasta que disparece la tierra. Pero, si quieres un ejemplo del Nuevo Testamento, estaré muy contento acomodarte. Miramos algo de la vida de Jesucristo. Un día, Jesús y sus discípulos caminaban de Betania a Jerusalen. Jesús tenía hambre, y decidió comer. Desafortunadamente, la higuera de la cual quería comer, no tenía ningún fruto, por lo tanto, El lo maldijo.
¿Qué pasó al arbol? La fuerza de la maldición que dijo Jesús agarró aquel arbol y lo mató. Si había declarado una bendición solbre ello, el arbol hubiera vivido. Pero, debido a que declaró una maldición sobre ello, murió.
Dios toma nuestras palabras tan en serio que El tomamba las palabras de la nación de Israel o de Jesús. El nos ha dado la autoridad en la tierra para atar y soltar las fuerzas espirituales, las bendiciones, los ángeles y los demonios. ¿Cómo? ¡Mediante nuestras palabras!``
Normalmente, cuando llemos este verso, tendemos de pensar de ello en los términos de la guerra espiritual y de atar a los demonios. En ninguna manera quiero quitar (sacar) aquel endendimiento de este verso. Sin embargo, quisiera examinarlo en otra luz; la luz de nuestras palabras. Es mediante nuestras palabras que atamos y solatamos aquellas cosas en el cielo y en la tierra. Todo el poder espiritual que nosotros asignamos aquí en la tierra es mediante las palabras. Dios no nos mandó usar el mágico, hacer las pociones, los amuletos, o los ídolos. De hecho, El está muy fuerte en contra de aquellas cosas. Nuestro único acceso a la esfera espiritual es mediante nuestras palabras. Es también a través de la palabras que nosotros producimos las bendiciones y las maldiciones. Desafortunadamente, demasiado frecuentemente, las palabras que usamos producen las maldiciones, en vez de las bendiciones. Todas las palabras son las semillas espirituales. Tal como, ellas están creadas para producir una cosecha. El tipo de cosecha que traen depende del tipo de semillas. Cualquier ranchero sabe que uno no planta las semillas de zanahoria si quiere una cosecha de maíz. No, uno planta las semillas de zanahoria para recibir las zanajorias, y las semillas de maíz para recibir el maíz. Si tú quieres una buena cosecha, no plantes las malas semillas. En Mateo, capítulo 13, Jesús contó una parábola acerca de algunas cizañas. En aquella parábola, un hombre había sembrado buena semilla, pero vino su enemigo y sembró mala semilla en medio de su buena semilla. Ambos empezaron a crecer, la buena semilla y las cizañas. La buena semilla era produciendo la cosecha que desiraba, pero la mala semilla era solamente un problema que tenía que tratar; un problema que tomaría su tiempo, su fuerza, su dinero y reducir su cosecha de la buena semilla que él había sembrado. La diferencia entre nosotros y este hombre es que nosotros somos aquellos que sembramos la mala semilla, no nuestros enemigos. Oh, acaso podemos culpar el enemigo, y de hecho le culpamos frecuentemente, pero, en realidad, las semillas que están produciendo aquellas cizañas están saliendo de nuestras propias bocas. Realmente, no debería sorprendernos que declaramos aquel tipo de semilla espiritual. Vivimos en un mundo muy negativo. Desde que nacimos, nosotros hemos aprendido como ser negativos. Como decir algo de una manera negativa, como esperar que las cosas negativas pasan en nuestras vidas, y como tener una actitud negativa hacia aquellas personas alrededor de nosotros. Por lo tanto, estamos conformando a lo que hemos aprendido. Por otro lado, la biblia es muy positiva. Aunque mucha gente, especialmente los inconversos, consideran que la biblia es negativa, esto no es verdad. La idea que es negativa viene de las personas que opinan que los mandamientos de Dios a nosotros restringen nuestra libertad, en vez de darnos libertad. Cada historia en la biblia termina positivamente. Cada mandamiento está dado para nuestro provecho (beneficio). De hecho, hay muchos mas mandamientos que nos dicen que hacer, para nuestro beneficio, que hay mandamientos que nos dicen que no hacer. Dios es positivo, esto es porque Su Palabra es positiva. Sus bendiciones son positivas, Sus mandamientos son positivos, Su amor jasid por nosotros es positivo, Su actividad en la tierra es positiva. Cuando nosotros conformamos nuestras mentes al mundo, hablamos cosas negativas. Pero, cuando conformamos nuestras mentes a la mente de Dios, hablamos cosas positivas.
Debido a que estamos declarando las cosas negativas, de hecho estamos declarando las maldiciones sobre la gente, en vez de declar las bendiciones sobre ella. Por ejemplo, decimos que hay alguien que va a un médico porque no se siente bien. El médico le examina, hace algunos estudios, y regresa con el diagnóstico, "Tú tienes cancer, y vas a morir en seis meses." Según la opinión del médico (como piensa), solamente te estás dando un diagnóstico. Según Dios, él está maldiciendo su paciente con la muerte. Si en efecto, la persona muere, no es solamente que el medico le diagnosticó correctamente, sino porque la maldición que declaró produjo una cosecha. Las maldiciones no son solamente cosas que hacen los brujos. Cada palabra que hablamos es aun una palabra de bendición o una palabra de maldición. Nosotros debemos poner una guardia sobre nuestras bocas, para asegurarnos que solamente pueden salir de nuestras bocas las palabras de bendición. Aquí, en México, hay un costumbre que demuestra bien este asunto muy claramente. Muchos hombres mexicanos llaman a sus esposas por las palabras, "gordita", or "viejita". De alguna manera u otra, esto se considera por ellos ser un término de cariño, pero las mujeres no están de acuerdo. Generalmente, las jovencitas mexicanas son muy delgadas y las mujeres mexicanas casadas no lo son. De hecho, no conozco a ni una mujer mexicana casada cuyo marido la llama "gordita" que no es gordita. Ni tampoco conozo a una mujer mexicana flaquita cuyo marido la llama "gordita." Aquellos hombres simplemente están recibiendo la "bendición" de lo que están proclamando con sus bocas. Por supuesto, los varones no lo consideran ser una bendición. Si uno preguntaría a los varones mexicanos, "¿Qué tantos de ustedes quieren que sus esposas se engorden más y más?" ninguno levantaria sus manos. (Yo conozco a una sola excepción; de un varón cuya esposa es antinaturalmente delgada debido a sus grandes problemas de salud.) Pero, estos mismos varones, que no quieren que se engorden sus esposas, están constantamente plantando las semillas de gordura en la esfera espiritual. Cuando reciben aquella cosecha, no deberían ser sorprendidos. ¿Qué tantos tiempos llamamos a los niños por un nombre que declara sus características malas, en lugar de las buenas? ¿Qué tantas veces les maldecimos por declarar las cosas malas que sucederan en sus vidas? ¿Qué tantas semillas de maldiciones estamos plantando en las vidas de nuestros hijos? Un padre dice a su hijo, "¡Si tú continúas a correr así en las calles, una de esos días vendrá un carro para pegarte!" Luego, cuando viene aquel día, el padre no comprende por que su hijo fue pegado por un carro. Fue a causa de sus palabras. Enseñe sus hijos a no correr en la calle, pero no hazlo con palabras negativas y con maldiciones. Hazlo con palabras positivas de instrucción. O otra padre dice a su hijo, "¡Tú nunca servirás por nada! Entonces, cuando crece su hijo, no alcanza nada. El padre declara a todos que no pueden ser su culpa, cuando de hecho, es definitivamente su culpa. Ellos declaron la maldición sobre su hijo, y ellos solamente recibieron lo que declararon. Si queremos el mejor para nuestros hijos, nuestros cónyuges, nuestras iglesias, y nuestras comunidades, debemos cambiar la manera que hablamos. Necesitamos eliminar las palabras de maldiciones que actualmente hablamos, y aprender como hablar palabras de bendición.
La gente judía tiene un costumbre de declarar (hablar) bendiciones sobre sus hijos. Hay tiempos específicos en la vida de un judío cuando los padres hacen el tiempo declarar estas bendiciones sobre sus hijos. Estos tiempos son: el nacimiento de un niño, a su circunsisión (solamente los hijos), a su dedicación, a su bar (o bat) mitzvah, y a su boda. Si un padre está al punto de morir, tomará el tiempo, como uno de sus últimos hechos, declarar una bendición sobre sus hijos (algo parecido a una declaración sobre su cama de muerte). Muchos judíos también bendicen a sus hijos los días de sus cumpleaños. Cuando hablamos de una bendición, no estamos hablando acerca de un padre diciendo "que Dios te bendice." Esto no es una bendición, es una perogrullada, o un saludo. Hablar una bendición sobre alguien es declarar aquellas cosas que tú deseas ver suceder en sus vidas. Permítame darte algunos ejemplos:
Es interesante fijar que cada y toda de estas bendiciones que fueron declarado en estes ejemplos occurieron exactamente como él había declarado. En Génesis, capítulo 49, cuando Jacob bendijo a Judá, también bendijo a sus otros hijos. Estos hijos volvieron a ser los doce tribus de Israel, cumplieron exactamente las bendiciones que fueron hablados sobre ellos. La bendición que yo cité aquí, proclamado sobre Judá, no solamente fue cumplido en el linaje de Rey David, sino mucho mas mediante Jesús, el Rey de los Reyes. La gente judía considera estas bendiciones de ser extremamente importantes. Los hijos anhelan recibirles de sus padres, y en algunos casos harán casi cualquiera cosa para asegurarse que les reciban. En Génesis, capítulo 27, Jacob robó la bendición que pertenecía a su hermano mayor. El lo hizo por disfrazarse como Esaú, e ir a su padre. Debido a que Isaac no podía ver bien, sucedió que Jacob robó esta bendición.
Cuando Esaú regresó, se descubrió el engaño de Isaac, pero esto no puso fin a la bendición que él había robado.
Esaú era un hombre rústico del campo, un cazador, un "hombre macho." Sin embargo, él lloró cuando fijó que su hermano había robado su bendición (Gen 27:34). El rogó que su padre le bendijera también. Debido a que Isaac ya había bendecido al decir que su hermano Esaú le servivir a Jacob como siervo, no podía cambiar lo que ya hizo. Aunque había pronunciado una bendición sobre Esau (Gen 27:39-40), casi no era una bendición, sino más bien una declaración de la lucha (contienda) que Esaú tendría.
Las bendiciones no son proféticas, excepto en el sentido vago de la palabra "profecía." Una profecía viene del Espíritu Santo, y está hablado mediante una persona. Una bendición vienen de una persona, y va al Espíritu Santo, a fin de que puede ser cumplida. Dios manda a alguien declarar una profecía a fin de que Su voluntad pueda ser cumplida aquí en la tierra. La gente (un creyente) proclama las bendiciones a fin de que su propia voluntad (que debería estar de acuerdo con la voluntad de Dios) puede ser cumplida en la vida de alguien. Cuando proclamamos una bendición, igual que cuando uno hace cualquier cosa, debemos estar guiados por el Espíritu Santo. En esta manera, en vez de solamente proclamar nuestra propia voluntad, también estamos declaranto la voluntad del Padre. Llegamos a ser instrumentos en las manos de Dios para cumplir Su voluntad aquí en la tierra.
Es importante a Dios que llegamos a ser gente que declaramos las bendiciones, y no solamente gente que declaramos palabras vanas; o aun peor, gente que proclama las maldiciones. Hay más que suficiente gente en el mundo, y aun en la Iglesia, que están proclamando aquellas palabras vanas. Aquellas personas tendrá que rendir cuentas a Dios acerca de sus palabras vanas.
Si queremos que nuestros hijos sean bendecidos, debemos llamarles bendecidos. Si queremos que sean inteligentes, debemos llamarles inteligentes. Si queremos que tengan sabiduría, debemos llamarles sabios. Es tiempo que tomemos control de nuestras lenguas, y las usemos por los propósitos de Dios, en vez de los propósitos del enemigo. ¿Por qué es esto importante a Dios? Porque solamente aquellas palabras que están declarado como palabras de bendición, o palabras de profecía, pueden estar usados por El para alcanzar Su voluntad aquí en la tierra.
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