El Mirador en Nuestro Servicio


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El paró en la puerta esperando, ansioso y muy entusiasmado; esperando la dulzura de su tiempo con ellos. El no podía esperar el comienzo de todo. Era domingo por la mañana, tiempo por el servico, y él era temprano, como siempre, él no quería que nadie llegara antes que él.

Finalmente, después de esperar por lo que le parecía una eternidad, llegó el pastor para abrir las puertas de la iglesita. El no saludó a la persona que estaba esperando; nada más entró y prendió las luces.

Unas personas comenzaban a entrar a la iglesia, poco a poco. Uno o dos a la vez, a veces todo la familia juntos, venían. Cada uno nada más pasó el mirador, sin ni saludarle ni decirle nada. Ellos se juntaban con amigos para charlar, o hacían algo en preparción por el servicio, pero no ponían ninguna atención a él, parado allí a la puerta.

Casi era cómico ver algunos de estas personas entrar al servicio. Si les mirara mientras manajaban a la iglesia, ellos eran, sin excepción, aún deprimidos, estresados o enojados. Los García, como su costumbre, estaban peleando uno con el otro en el carro en camino. Pero al momento que podían ver la iglesia, ellos pusieron unas sonrisas, y actuában como si todo estuviera perfecto. Casi todos entraban a la iglesita con una máscara. Es como si estuvieran en una fiesta mascarada con sus caras fingidas y congeladas.

Mirándoles, uno pensaría que eran los mejores cristianos en este lado de los cielos. Pero, el mirador sabía mejor que esto. El les había visto en sus casas. El había visto sus pecados, sus malas actitudes, y los pequeñitos actos malos de cada uno. Quisas parecían santos, pero él sabía que tan carente de santidad verdaderamente vivían.

Algunas mujeres se habían juntados al altar para "orar." Yo lo digo entre comillas, por que verdaderamente no estaban orando. Todo que hacían era llorar y mumurar al Señor. No oraban por el servico, ni oraban en fe para que Dios moviera por ellas, ni oraban por las necesidades de la gente. Solamente hacían una prolongada mumuración acerca de los mismos asuntos que siempre decían.

Finalmente, algunos momentos más tarde de cuando el servicio debería haber comenzado, todos estaban listos para iniciarlo. El les miraba de la puerta, mientras que uno de los deáconos decía una "oración" y leyó un salmo. Por la expresión en la cara del diácono, él no pensaba mucho en la oración que había dicho, ni del salmo que había leído. Nada más lo hizo por que tenía que hacerlo. El mirador notó esto, y quería alcanzarle tiernamente, pero sabía de previas ocasiones y experiencia con él que era fútil.

El deácono dio el lugar al líder de alabanza. Esta mujer verdaderamente le encantaba cantar. Desafortunadamente, el mirador había visto suficiente para saber que ella no estaba cantando por la gloria de Dios, sino por su propia gloria. Ella encantaba los comentarios que la gente le daba después del servico.

Debido a que ella estaba buscando el aplauso de la gente, el líder de alabanza escojió sus cantos con esto en mente. Ella quería tener cantos que lucerían su gran voz, sea si adoraraban a Dios, o eran cantos de ánimo general. Si la gente no podía cantarles, estaba bien; de hecho, era mejor por ella. De esta manera, podía cantar a sólas. Y Dios recibería la gloria de que tan bueno cantaba, ¿verdad?

Hoy, ella tenía una nueva canción por la congregación. Era una canción bastante impresionante, que ella iba a cantar "para la honra y gloria del Señor." Pues, esto es lo que dijo. Pero, el mirador pensaba "si era por la honra y gloria del Señor," por que Su nombre no estaba mencionado en la canción?"

La congregación seguía cantando y cantando. Algunos de los cantos tenían un gran mensaje, si solamente la gente tomara el tiempo de pensar en lo que estaba cantando. Otros, probablemente fueron escritos por ignorancia, porque dijeron el opuesto de lo que declara la biblia.

Había una mujer en la congregación que comenzó a temblar durante los cantos. Ellos pensaron que era una manefestación del Espíritu Santo tocándola, pero el mirador sabía la verdad. Esta mujer siempre temblaba de la misma manera, al mismo tiempo, en cada culto. Si era verdaderamente el Espíritu Santo causándole de comportarse de esa manera, no pasaría así. Ocurriría en tiempos diferentes, o a diferentes personas, o en otra manera. En cambio, ella era cantando tan "intensamente" que ni abría los ojos, ni respiraba lo demasiado mientras cantaba. Estaba nada más un espectáculo emocional de ella.

Pues, no hay nada malo con poniéndose emocional en el Señor. Pero, es una mentira si alguien dice que es el Señor que lo promueve. Esta mujer, el mirador sabía, era semejante el líder de alabanza. Ella quería que el gente la mirara, para ver que tan "espiritual" era. Esto fue su manera de ganar la atención.

Entremezclado con los cantos, la gente tenía una opoutunidad de dar "testimonios," o para cantar una canción "especial." Algunos se pusieron de pie para decir su verso favorito. El mirador siempre dudaba si aquellas personas verdaderamente entendía aquellos versículos, o si solamente les había memorizaba por que sonaban bien. No había mucho de ellos ese día, pero había varios cantos "especiales."

Cuando comenzó la primera canción especial, "por la honra y gloria del Señor," el mirador pensaba en como esta persona podía opinar que estaba glorificando al Padre Dios. "Cuando las vacas suenan así, fuera de tono" él pensaba, "esto es normal. Pero, cuando la gente hace algo, sin querer hacerlo con excelencia, donde está la gloria? Este varón tenía dones de Dios, pero obviamente no para cantar. ¿Por qué no usar sus dones por Dios, en vez de tratar de hacer algo en que no tiene un don ni que no está preparado hacer?" Por lo menos, cuando el líder de alabanza cantaba, sonaba bien, aun si ella no estaba verdaderamente dando la gloria a Dios.

Algunos de los testimonios realmente estaban bastante buenos. El mirador le encantaba oír de como la gente fue sanaba y liberada y como todas sus necesidades fueron suplidas por Dios. Pero, había otros que hablaba más del diablo que de Dios. "Nadie, va a vencer, escuchando estos" el mirador mumuró a sí mismo. Ella acaba de tomar diez minutos mumurando a la congregación de todos los ataques (testedemonios) que ella había recibido ese semana. Luego, ella terminó al decir, "pero Dios me ayudó a aguantar todo esto." ¿Cómo puede alguien aumentar su fe al escuchar tales cosas (abominaciones)?

Cuando terminaron los cantos y testimonios, era tiempo por la ofrenda. Esto era uno de los tiempos favoritos del mirador. El sabía que el dar podía abir las puertas para que la gente de Dios podía ser bendicida. Uno de los líderes dio una pequeña lección sobre el dar, exortando que la gente dé por la obra del Señor, y también mencionó un misionero que la iglesia apoyaba. "Esto es bueno" el mirador pensaba "la gente necesita ser animada para dar."

Mientras que la gente pasaba al frente para dar sus ofrendas, el mirador era curioso. El miró sobre los hombros de varias personas para ver lo que hicieron. "¿Qué es esto?" se dijo a sí mismo alarmado, "¿Cómo pueden estas personas esperar que sus semillas se multipliquen si solamente dan nada más una mordida (pitanza)? ¿No escucharon lo que dijo el anciano?"

El mirador se entristeció por la "ofrenda." El sabía que tanto esa gente necesitaba recibir una bendición. Sabía de sus problemas diarios. "Esa mujer allá, trata de criar a tres hijos sin marido. Aquellas ancianas viven de sus cheques de seguro social. Esa pareja se batalla en criar a un hijo con varios problemas de salud. Ese hermano acaba de abrir un nuevo negocio. ¿Cómo puede esperar que Dios bendiga sus finanzas si no son fieles a Dios con ellos?

El anciano oró por la ofrenda, enfureciendo el mirador en el proceso. El oró que Dios bendiciera a la gente que ofrendó, ¡pero muchas de ellos incluso no eran diezmadores! Entonces, para empeorar ese asunto, oró que Dios bendiciera a aquellos que no dieron nada. ¿No sabía que dice la bible de esto? El mirador decidió que tenía que hacer algo, por lo tanto intentó de agarar la atención del anciano, para que podía explicarle que tan necesario era orar de acuerdo con las Escrituras, pero el anciano, como de costumbre, no le hizo caso y rechazó de oirle.

Finalmente, después de pasar demasiado tiempo en anunciar el juego de futbol ese tarde, la actividad de vender los tamales la próxima sábado, y todos las otras actividades sociales que ellos planeaban, el pastor volvió a la Palabra de Dios. El mirador había estado esperando esta parte durante toda la mañana. El había estado intentando de hablar al pastor por toda la semana acerca de este mensaje, a fin de darle unas ideas y mostrarle algunas Escrituras, intentando de prepararle por este momento importante.

El pastor mumuró una corta oración, pidiendo al Espíritu Santo abrir los corazones de la gente y "bendecir la lectura de la Palabra." El mirador lo había escuchado antes, y no era impresionado. Este pastor (y muchos otros) dijeron la misma cosa cada semana, casi como un rito.

Entonces, asustando el mirador, el pastor no abrió su biblia, sino abrió una revista. El mirador intentó de mirarlo mientras que lo abría y se sorprendió. ¡Esto incluso no es una revista cristiana! "¿Qué piensas que hace? El mirador se preguntó a sí mismo. "¿Qué tipo de alimento espiritual espera hallar por dentro de esa revista?"

Mientras que el pastor citaba del artículo de la revista, él sacó algunas lecciones de la vida verdadera por la congregación, incluso citar, o mejor dijo, erróneamente malcitar un verso bíblico para probar su punto. El mirador no podía considerlo una predicación, a pesar de que era mejor dicho una lección acerca de la responsabilidad social que lo era una predicación o ensenañza. El pastor continúa repetiéndose también. Era como si pensaba si decía la misma cosa una y otra vez lo haría verdadero. "O, acaso," pensaba el mirador, "él no tiene nada más que decir, y está intentando de utilizar el tiempo."

La gente definitivamente se entusiasmaba de ese "mensaje." El mirador miró con asombro mientras que ellos cabezeaban de acuerdo, se pusieron de pie, gritaban "amén" y "Gloria a Dios." Alguien aún gritó "amén" cuando el pastor platicó de algo malo que pasó a su amigo. Esto era nada menos que tonto. Era como si la persona que gritó "amén" no aun escuchara las palabras, simplemente gritó debido a que había una pausa en el "mensaje."

Por fin, después de exactamente treinta y cinco minutos y quince segundos, el pastor terminó su mensaje. El dio una corta oración, que era tan lleno de modismos religiosos y tan vacía de poder, que verdaderamente no significaba nada. Seguramente, sonaba impresionante a un nuevo creyente o inconverso, pero nada más.

Como siempre, antes de terminar el servicio, el pastor dio una típica lamada al altar. "Si alguien está aquí que no conoce a Jesucristo por su Salvador, por favor, pásale al frente, nosotros quisiéramos orar por usted. O acaso, usted está aquí, y no ha estado caminando con el Señor. Si quiere rededicar su vida a Jesucristo, favor de pasar al frente, porque quisiéramos orar por usted también."

El mirador verdaderamente no le gustaba esa palabra "rededicarse." "¿No sabe el pastor," se preguntó, "que el concepto de rededicación no está en la biblia? La palabra correcta usar es arrepentirse, no rededicarse."

Por supuesto, nadie se movió. Había varias personas que realmente necesitaban ir al altar y rendir cuentas con el Señor, pero ningunas lo hicieron. Ellos no quisieron que la gente pensara que ellos habían estado enredados en algún pecado horrible. El mirador no se preocupaba de esos "grandes pecados" tanto que se preocubaba de los pecados escondidos que todos guardaban secreto. El sabía que cuando alguien está en un pecado obvio, lo saben. Pero, alguien que no hacía lo que Dios quisiera que haga, usualmente era rápido defender su culpabilidad. "?Pero qué de aquellos que no diezman, que no estudian sus biblias, ni demuestran el carácter de Jesucristo al mundo? ¿Por qué ellos no pasan al frente como deberían hacer?"

Después de un momento, cuando era obvio que nadie iba a pasar al frente, el pastor hizo algunos comentarios y una oración de despedida. "Gracias por venir," él dijo, "estaremos anticipando su regreso en nuestro próximo servicio."

La gente empezó de salir de la iglesia. Varios grupos pararon para platicar con sus amigos y conocidos. Se parecían más entusiasmados y animados en estas pláticas que lo estaba en alguna otra parte del servicio. En vez de parecerse tristes, como cuando dieron sus ofrendas (mordidas), se parecían como si su equipo favorito hubiera ganado el juego.

A pesar de tanto platicar, todos salieron rápidamente. Los Gárcia recomenzaron su argumento al momento que salieron de la vista de los demás. Otros se apresuraron de regresar a casa para ver el juego de fútbol en la tele, o llegar a su restaurante favorito antes que llegara la gente de otra congregación. Aún el pastor se apresuró de cerrar la puerta, llamando a un amigo que les llamara o juntara a su restaurante usual. Una vez más, la pequeña iglesia era tranquila, en espera por el próximo servicio.

Al mirar este espectáculo religioso, el mirador salió muy triste y quebrantado. Del entero servicio, absolutamente nadie le había invitado a él, el Espíritu Santo de entrar y participar.

Copyright © 2005 por Ricardo Murphy, Maranatha Life. Todos derechos reservados.