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No enseñes la biblia a tus hijos, especialmente evita los versos
concerniente cualquier mandamiento o instrucción. Pero no hay ningún
problema en enseñar las historias bíblicas, con tal de que
ignoras las lecciones de aquellas historias.
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Permite que tus hijos miran lo que quieren en la televisión, escuchan
cualquier música que les gusta, y leen cualquieras revistas que tienen
ganas leer. No te preocupes de que aquellas no sean buenas influencias; tus
hijos pueden decidir por ellos mismos.
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En todo, asegúrate que tú no seas un ejemplo piadoso por tus
hijos a imitar. No ores, no estudies la biblia, no ayudes a la iglesia, y
no escuches la música de adoración en casa.
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Evita las actividades familiares que podían esforzar sus relaciones
familiares. En cambio, permíteles hallar o inventar sus propias
diversiones, aun si se involucran en actividades que son peligrosas y
pecaminosas.
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Asegúrate que tus hijos reciban tanto de la influencia del mundo que
sea posible. Especialmente cualquier cosa que pueden ensanchar sus opinones,
tal como la educación sexual moderna, para aprender que la homosexualidad
es un estilo de vida aceptable, o cualquier cosa que degrada los papeles
tradicionales de marido y esposa. Si tú tienes dificultad en alcanzar
esto, la televisión y las escuelas serán muy contentos de ayudarte.
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