Hageo - Un Profeta para Hoy - Parte 3
por Ricardo Murphy


En su tercera profecía, Hageo vuelve a corregir a la gente.  Este es un proceso constante de Dios, el cual vemos por medio de la profecía.  La profecía no es para decirnos lo bueno que somos, sino es para mostrarnos donde necesitamos un cambio.  Debemos recordar que el propósito de Dios para nuestras vidas es el de trasformarnos a la imagen de Su Hijo Jesús.

Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que El sea el primogénito entre muchos hermanos;

Romanos 8:29

Si esperamos que la profecía, o la Palabra escrita de Dios, sea dulce y delicada, entonces no conocemos al Dios que servimos, o, no hemos realizado el trabajo que está haciendo en nosotros.  Es imposible iniciar una transformación al profetizar a la gente que ellos son buenos.  Para traer un cambio, es necesario amonestarles por los errores en sus vidas, y mostrarles una mejor manera de ser.

Esta tercera profecía de Hageo hace exactamente esto.  El trata con una situación que Dios vio en las actitudes de los corazones de las personas, mostrándoles con la Escritura donde habían errado.  Al mismo tiempo, les muestra que el trabajo que estaban haciendo no estaba logrando lo que ellos pensaban.

Dios usaba el profeta para traer corrección necesaria al pueblo.  No era una corrección que tenía que ver mucho con sus actos, más bien, con sus actitudes.  Dios siempre se interesa más por la condición de nuestros corazones que por nuestras acciones

La profecía comienza con un par de preguntas muy valiosas.  Quizás no las consideremos así nosotros, pero para los judíos, que estaban muy preocupados con sus ofrendas para el Señor, y mantener las cosas santas muy sagradas, ellos las consideraban de mucha importancia. Con éstas preguntas el Señor les mostró su error.  Veamos la primera pregunta de la profecía que dice:

Así dice el Señor de los ejércitos: "Pide ahora instrucción a los sacerdotes: 12 Si alguno lleva carne consagrada en la falda de su vestidura, y toca con su falda pan, alimento cocido, vino, aceite o cualquier otro alimento, ¿quedará éste consagrado?' Y los sacerdotes respondieron, y dijeron: No.

Hageo 2:11-12

Primeramente, necesitamos entender por qué Dios hizo éstas preguntas a los sacerdotes en vez de hacerlas a la gente.

Si vemos al sacerdocio Arónico, una de las responsabilidades que tenían los sacerdotes era la interpretación de la ley.  Aunque la ley completa contiene 613 mandamientos, Dios no incluyó todo lo posible en la ley.  Existen siempre situaciones que pueden acontecer en las cuales la ley tiene que ser interpretada.

En la Iglesia del Nuevo Testamento, ésta responsabilidad de interpretar la ley cae en los apóstoles.  Vemos esto claramente en el concilio de Jerusalén, (Hechos 15) cuando los apóstoles tenían que tratar con enseñanzas falsas acerca de la necesidad de la circuncisión. Bajo la guiaza del Espíritu Santo, hicieron una interpretación de la totalidad de la ley, por medio del trabajo que se completó en la cruz.  El resultado de ésta interpretación era una corta carta, diciéndoles a los creyentes en Antioquia, y las áreas circunvecinas, en qué parte de la ley debían enfocarse en obedecer. 

En adición a esto, los sacerdotes tenían la responsabilidad de enseñar la ley.  Así que, si Dios quería hacer una pregunta acerca de la ley, las personas más acertadas eran los sacerdotes.  No solamente tenían que interpretarla, pero debían saberla completamente.

Recuerda, Dios siempre está más interesado en la obediencia de su pueblo hacia el Espíritu de la ley que su obediencia a la letra de la ley. Cuando nos enfocamos en la letra de la ley, nos volvemos legalistas.  Pero, cuando nos enfocamos en el espíritu de la ley, nos enfocamos en el plan que Dios desea, el cuál guiará nuestra vida a una verdadera santidad, en vez de la “máscara de santidad” que trae el legalismo.   


Ahora que hemos tratado con eso, veamos la primera pregunta:

Si alguno lleva carne consagrada (santificado) en la falda de su vestidura, y toca con su falda pan, alimento cocido, vino, aceite o cualquier otro alimento, ¿quedará éste consagrado?' Y los sacerdotes respondieron, y dijeron: No.

Hageo 2:12 (paréntesis mío)

Para entender ésta pregunta, primero debemos hablar de lo que significa “carne santa.” Este término puede traducirse a “carne consagrada.”  Se refiere literalmente a la ofrenda de carne entregada a Dios, ya sea la parte que se entrega como ofrenda, o la parte que se es dada al sacerdote para que su familia coma.

La palabra “consagrada” no se usa mucho en la Iglesia hoy en día, pero es muy importante en el Antiguo Testamento.  Se refiere a algo que se ha apartado para el Señor.  Estas cosas no podían ser usadas en ninguna manera “común” o “terrenal,” debían ser reservadas exclusivamente para el servicio religioso del Señor.

En el Antiguo Testamento, habían muchas cosas que eran consagradas al Señor.

Conságrame todo primogénito; el primer nacido de toda matriz entre los hijos de Israel, tanto de hombre como de bestia, me pertenece.

Éxodo 13:2

Las personas consagradas eran también reservadas para los propósitos de Dios.  En el significado literal de la palabra, esto significaba que el primer varón de cada familia era requerido que le sirviera al Señor en el sacerdocio.  Dios trató con esto, al separar la tribu de Leví para El, para servir en lugar de todos los primogénitos de Israel.  Sin embargo, para asegurar que no perdieran su alta conciencia de la tribu de Leví, por tomar el lugar de los primogénitos, los padres tenían que hacer una ofrenda al Señor, “redimiendo”(o comprando) su hijo de Dios.

Habla a Aarón y a sus hijos, y diles: "Esta es la ley de la ofrenda por el pecado… 26 "El sacerdote que la ofrezca por el pecado, la comerá. Se comerá en un lugar santo… 27 "Todo el que toque su carne quedará consagrado; y si la sangre salpica sobre una vestidura, en un lugar santo lavarás lo que fue salpicado.

Levítico 6:25-27

Durante siete días harás expiación por el altar, y lo santificarás; entonces el altar será santísimo, y todo lo que toque el altar, será santificado.

Éxodo 29:37

Cuando salgan (los sacerdotes) al atrio exterior, al atrio exterior donde está el pueblo, se quitarán las vestiduras con que han estado sirviendo y las dejarán en las cámaras sagradas, y se pondrán otras vestiduras a fin de no santificar al pueblo con sus vestiduras.

Ezequiel 44:19 (paréntesis mío)

Lo que hacía algo santo o consagrado a Dios, era el propósito de aquella cosa.  El altar era santo porque era usado para hacer ofrendas a Dios.  Como altar, no podía ser usado para ningún otro propósito.  Una ofrenda traída al altar era santa porque era entregada a Dios.  Lo que entraba en contacto con la ofrenda, también era santo, porque estaba envuelto en el proceso de sacrificio.  Así que, era importante limitar lo que venía a estar en contacto con la ofrenda.

Dios no permitía que cualquiera le entregara ofrenda.  El individuo tenía que traer la ofrenda a los sacerdotes, y ellos daban la ofrenda a Dios, en representación de la persona.  La única persona que tenía contacto con la ofrenda era el sacerdote.

Había una excepción a la regla; ésta era en el caso de ofrendas de paz.  Una ofrenda de paz, también conocida como ofrenda de compañerismo, era ofrecida por el individuo que deseara tener compañerismo con Dios.  Aún así, no podían entregar la ofrenda hasta que cumplieran con los requisitos de todos los niveles de ofrendas de menor valor.  Después y solamente después, podían entregar la ofrenda de paz.

La ofrenda de paz era entregada a Dios por los sacerdotes.  Pero, lo que la hacía tan diferente de las otras ofrendas, era que la persona dando la ofrenda, comería de esa ofrenda.  Esta era la única ofrenda de la cual el individuo estaba permitido comer.

¿Por qué podían comer de la ofrenda de paz y no de las otras? Era porque al hacer el esfuerzo de cumplir con todas las otras ofrendas, y después querer hacer paz con Dios, ellos estaban apartándose para Dios.  No que estaban para siempre apartados para Dios, sino por ese período de tiempo, ellos eran consagrados a Dios, y estaban en compañerismo con El.

Como leímos, todo lo que tenía contacto con la ofrenda se hacía santo.  Sin embargo, Dios no quería que este concepto se mal usara.  Hay aquellos que evitan ser santos, y esperan recibir la santidad de otra fuente.  Es por eso que Dios mandó a los sacerdotes a cambiar sus ropas antes de salir con la gente.  De otra manera, algunos podrían haber sido “accidentalmente consagrados” a Dios, sin ningún esfuerzo de su parte. En otras palabras, se hubieran sentido que el contacto con el sacerdote los hacía santos, en vez de que fueran sus actitudes y acciones las que los hicieran santos.

Los sacerdotes contestaron “no” a la pregunta porque alguien no puede ser “accidentalmente consagrado” aunque la historia muestra algunos que han tratado.  Estas son personas que han deseado santidad, para verse bien delante de la gente, pero al mismo tiempo, no querían  pagar el precio de una vida santa.

Este es un punto importante.  Nada llega a ser santo por la asociación a cosas santas; y menos aún por asociarse a cosas que se asocian con santidad.  Somos hechos santos por nuestra relación con Jesucristo. ¿Por qué? Porque El nos da Su santidad a cambio de nuestros pecados.  Pero, este es un intercambio personal.  Solo por juntarnos con cristianos, o por el ir a la iglesia, no nos hace santos.  Tenemos que tener el intercambio personal con Jesús. 

Jesús claramente entendió la importancia de la consagración y santidad. Así mismo, la importancia del altar en este proceso.  A un punto, El criticó a los fariseos por su entendimiento de la santidad del altar y el sacrificio.

También decís: "No es nada el que alguno jure por el altar; pero el que jura por la ofrenda que está sobre él, contrae obligación." 19 ¡Ciegos!, porque ¿qué es más importante: la ofrenda, o el altar que santifica la ofrenda? 20 Por eso, el que jura por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él;

Mateo 23:18-20

¿Cuál es la gran diferencia? Es simple.  Un animal quemado sobre el albar se hace santo por el altar y entregado a Dios en ofrenda.  El mismo animal quemado en otro lugar, es solo un pobre recocido en el asador.  Tal cosa no es santa ni consagrada; de hecho, no significa nada.


Veamos ahora la segunda pregunta. Estas dos preguntas son dos lados de la misma moneda; mostrando los dos lados del mismo principio.

Y dijo Hageo: Si alguno, inmundo por el contacto con un cadáver, toca cualquiera de estas cosas, ¿quedará inmunda? Respondieron los sacerdotes, y dijeron: Quedará inmunda.

Hageo 2:13

Está bien, una vez más necesitamos definir de lo que se está hablando.  La palabra “inmunda,” no significa sucio; no significa pecaminoso, aunque muchos creyentes piensan que es sinónimo de pecado.  Este término habla solamente de ser ceremonialmente inmundo para el uso en el templo.  La palabra literalmente significa “aquel que es común,” o “aquel que es para uso común.”

Así como existen cosas que son reservadas para el uso de Dios, hay cosas que se usan para lo común de la vida diaria.  Básicamente, el entendimiento del Antiguo Testamento es que las dos cosas no son lo mismo ni deben de intercambiarse.

Hay un par de versos el la segunda carta de Pablo a Timoteo, donde explica éste concepto:

Ahora bien, en una casa grande no solamente hay vasos de oro y de plata, sino también de madera y de barro, y unos para honra y otros para deshonra. 21 Por tanto, si alguno se limpia de estas cosas, será un vaso para honra, santificado, útil para el Señor, preparado para toda buena obra.

2 Timoteo 2:20-21

Empecemos con el segundo verso que escribí allí (verso 20).  Habla sobre un hombre limpiándose o deshaciéndose de algo, lo cuál se convertirá la persona en un vaso de honor que el Señor pueda usar.  Pero, ¿de qué cosas se debe limpiar? No veo nada que se ve como problema.  Después de todo, no todos pueden tener los dos, vasos de oro y plata en sus casas.

Aquí encontramos un pequeño secreto para la interpretación de la Biblia.  Cuando algo no es entendible solo como se está escrito, significa que hay que buscar un entendimiento simbólico. En este caso, el simbolismo está en los cuatro materiales mencionados en el verso 20. Estos cuatro materiales traen los siguientes significados:

  • Oro – divinidad
  • Plata – santificación o consagración
  • Madera – cuerpo humano o hombre carnal
  • Barro– el mundo o el sistema del mundo

Si leemos esos cuatro materiales en el pasaje con el simbolismo que les mostré, es obvio de lo que el hombre necesita limpiarse: lo carnal y el sistema mundano.

La naturaleza carnal del hombre es enemistad con Dios (Rom 8:7). Así también, el sistema del mundo es enemistad con Dios.  Mientras permitamos que estas cosas controlen nuestras vidas, Dios no podrá tener el control.  Nunca seremos un vaso consagrado con la naturaleza de la carne o dejándonos ser controlado por éste mundo.

Según la ley del Antiguo Testamento, varias cosas hacen a una persona ceremonialmente no limpia.  El pueblo judío tenía 10 diferentes niveles de inmundaza por lo que entendía de la ley.  El peor de éstos era el contacto con una persona muerta.  Cada nivel requería diferentes ceremonias de limpieza, y diferentes cantidades de tiempo antes de que se le permitiera participar en la ceremonia de limpieza.

Recuerda, el ser “inmundo” significa “de uso común.” Personas o cosas que no eran limpias no podían entrar al templo (o tabernáculo); ni tampoco podían ser envueltos en ninguna ceremonia de adoración hasta que fueran consagrados a Dios de nuevo.

Cuando nosotros damos algo a la iglesia, dedicándolo para el servicio del Señor, nosotros lo consagramos.  Este artículo en particular ahora pertenece al Señor, y está apartado para Sus propósitos.  Pero, ¿qué pasa si regresamos a la iglesia y pedimos prestada tal cosa?

Tomemos por ejemplo un estéreo.  Un miembro de la iglesia lo compra como un regalo para el Señor, y lo presenta en las manos del pastor.  Esta acción consagra el estéreo para el servicio del Señor.  Ya no le pertenece a la persona, o al pastor, ahora pertenece a Dios.

Dos meses después, la misma persona va a celebrar una fiesta de cumpleaños para uno de sus hijos, y va a la iglesia y le pregunta al pastor que si puede prestarle el estéreo para la fiesta.  ¿Es una fiesta de cumpleaños algo santo? ¿Dios se glorifica en esto? ¡No! Así que la persona que toma algo que ha sido consagrado a Dios, lo hace “inmundo” al usarlo para algo común.

¿Cómo crees que Dios se siente ante esta situación? O, ¿cómo se sentirías si alguien te diera un regalo, y después regresa para usarlo en algo que va en contra de tus creencias? ¿No te gustarías, verdad? Bueno, y ¿porqué le debería agradar a Dios? ¿Por qué estaría contento con personas que le dan cosas y luego las toman de la iglesia para su uso personal? ¿Por qué habría de bendecir a éstas personas?

¿Cuán aún peor es cuando tomamos nuestras propias vidas, las cuales hemos consagrado a Dios y usamos nuestros cuerpos en contra de la voluntad de Dios? ¿Cómo podemos esperar que Dios nos bendiga cuando tomamos nuestros cuerpos que han sido ofrecidos como sacrificios vivos (Rom 21:1) para Dios, y llenamos nuestros cuerpos con humo de cigarro, o con alcohol, o los usamos para inmoralidad sexual? ¿Cómo podemos esperar otra cosa de parte de Dios que no sea Su juicio?

De cualquier forma, este no es el principio que la pregunta nos hace ver. Lo que Dios preguntó por medio del profeta Hageo, era que si el estar en contacto con algo que no era limpio, o sea, “contaminado,” algo que estaba consagrado a Dios, se haría también inmundo.

Los sacerdotes contestaron afirmativamente; el contacto con algo “inmundo,” o común, haría que algo santo se volviera “inmundo.” Existe amplia evidencia en la ley que apoya esta pregunta.  Por ejemplo:

El que toque el cadáver de una persona quedará inmundo por siete días.

Números 19:11

Esto también demuestra el gran principio de vida y la relación con nosotros:

No os dejéis engañar: Las malas compañías corrompen las buenas costumbres.

1 Corintios 15:33

Tomando este verso, juntamente con lo que mencioné antes sobre el significado de “inmundo,” podemos ver claramente el efecto que el contacto con el mundo, tiene en nosotros; nos contamina.  Si no piensas que es verdad, solo toma un vistazo al mundo a tu rededor.  Es imposible caminar en este mundo sin ser tocado por él en alguna manera u otra.  Desafortunadamente, muchas de estas maneras nos tratarán de hacer caer en tentación a pecar.

¿Qué tal, la televisión por ejemplo? Los programas que el mundo pone en la pantalla, no están llenos de gente santa haciendo cosas buenas; más bien, están saturadas de personas mundanas viviendo vidas pecaminosas.  La única razón por la cual las mujeres en la televisión no están desnudas, es porque es en contra de la ley. Así que, en vez de esto, ellas usan la más pequeña ropa posible, exponiendo lo más que les sea posible de sus cuerpos.  Por cierto, tal ropa, puede a veces parecer pintada en sus cuerpos.

Cualquier hombre que dice que el ver a éstas mujeres, las mismas que están casi desnudas en las portadas de las revistas en el supermercado, sin que lo afecta, es aun muerto, ciego o castrado. Simplemente al mirarlas puede distraernos del propósito y plan de Dios, y robarnos de nuestra consagración.

Al examinar estos dos versos al mismo tiempo, parece que la gente en Jerusalén pensaba que lo que hacían fue automáticamente consagrado a Dios, debido a que trabajaban en la reconstrucción del templo.  Pensaba que no importaba lo que hacían, o si estaban en pecado, es que su trabajo por el Señor era suficiente para cubrir sus pecados.

En la misma manera, podemos extraer de estas preguntas que la idea que ellos opinaban que sus ofrendas a Dios eran santificadas, no importa de donde venían, ni si daban de su mejor a El. Dios no se interesa en el tipo de ofrenda que alguien le da, El quiere el mejor de nosotros.  Si no le damos esto, le decimos que El no vale por nada.

Dios no automáticamente acepta lo que hacemos, o lo que le ofrecemos, y en turno lo declara bueno, santo, precioso y consagrado a El.  Si lo haría así, El hubiera estado igualmente contento con la ofrenda de Caín como la de Abel.

Hacer algo par Dios, no automáticamente hace que alguien sea bueno y santo. Si fuera así, todos los grandes narcotraficantes serian considerados ser grande gente. Muchos de ellos son considerados por ser personas generosas que hacen buenas cosa para sus comunidades. Por lo tanto, si sus buenas obras les hacen buenas personas, no importa nada su narcotráfico.

Obviamente esto no es verdad.  Tampoco es verdad que un creyente que hace algo bueno para Dios es automáticamente transformado a ser alguien bueno.  Nuestras obras no nos hacen buenos; nuestras obras deben de demostrar al mundo que Dios nos ha hecho buenos.  Nuestras buenas obras deberían de surgir de lo que Dios ha puesto en nuestros corazones, a fin de mostrar Su amor a este mundo. De otra manera, no valen nada.


Ahora que Dios ha puesto una trampa por Su profecía con dos preguntas que contestaron los sacerdotes, El lanza la trampa:

Entonces volvió a hablar Hageo, y dijo: "Así es este pueblo y así es esta nación delante de mí"- declara el Señor- "y así es toda obra de sus manos; y lo que aquí ofrecen, inmundo es.

Hageo 2:14

Ellos estaban allí, el Pueblo de Dios, pensando que ellos estaban haciendo una inmensa obra para Dios, y Dios les declaró, “Oyen, mis amados, opinan que ustedes son un pueblo apartado y especial, pero no lo son. Ustedes piensen que son santos, pero no lo son.  Piensan que están haciendo una obra santa para Mí, pero no es nada santa. Hasta opinan que estoy bien contento por sus acciones, pero no lo soy.” Aquel mensaje probablemente era un gran choque al pueblo de Jerusalén.

¿Qué había de la gente de Jerusalén, en aquel tiempo, para que Dios les dio tal mensaje, mientras que ellos están en medio de reconstruir el templo?

No veo a nada en el libro de Esdras, ni en el libro de Hageo, donde la gente se apartaron para arrepentirse por sus pecados, para santificarse por la obra que hacían, ni para separarse en alguna manera del mundo que acaban de salir. De hecho, lo que hicieron fue construir un altar y empezar el trabajo. Olvidaron de la preparación espiritual que es necesaria para hacer que el trabajador y su trabajo sean aceptables a Dios.

¿Cómo te parecería que alguien que vivía en el mundo entró en la iglesia y de inmediato empezó de predicar en esa iglesia?  ¿Tendrías confianza en é?  ¿Pensarías que esa persona merita estar en ese lugar? ¿O, pensarías que no hay ninguna manera en que una persona que acaba de dejar atrás el mundo, podía obrar bien para el Señor?

Hay siempre la necesidad de consagrarnos a la obra del Señor; esto no ha parado con la venida del Nuevo Testamento.  Los doce discípulos originales tenían un tiempo de consagración, ambos en el tiempo que pasaban caminando con el Señor, y el tiempo en que esperaban el Pentecostés. De igual manera, Pablo tenia un tiempo de consagración;  los tres días que pasó, siendo ciego, esperando la llegada de Ananiás para que imponiesen sus manos sobre él (Hechos 9:8-18).

Muchos grandes ministros han hablado acerca de los tiempos de consagración en sus vidas.  No solamente el tiempo de consagración antes de entrar al ministerio, sino las horas que pasan en oración, preparándose ser los mensajeros de Dios, antes de predicar un mensaje.

Al otro lado, hay numerosos creyentes que opinan que pueden hacer lo que sea para el Señor, sin ninguna preparación, arrepentimiento, consagración, ni tampoco obediencia, y que Dios sería  satisfecho con ellos. ¿De dónde vino esa idea? Te garantizo que no está en la biblia.

Dios hizo una fuerte declaración en esta profecía.  El declaró que “Si tú no has tomado el tiempo para arrepentirte y consagrarte a hacer Mi Obra, todo lo que haces es inválido.”

Puede ser que te suena un poco duro, pero recuerdas, no somos salvos por nuestras obras, sino por Su gracia y misericordia. Las obras que hacemos no existen para ganar el favor de Dios, sino mostrar nuestro amor para El. Son actos de obediencia; hechos como parte de nuestra responsabilidad de extender Su Reino a través de toda la tierra.

"Ahora pues, considerad bien esto de hoy en adelante: antes que se pusiera piedra sobre piedra en el templo del Señor, 16 desde aquel tiempo, venía alguno a un montón de veinte medidas, y había solo diez; venía alguno al lagar para sacar cincuenta cántaros, y había solo veinte. 17 Os herí con viento abrasador, con añublo y con granizo en toda obra de vuestras manos; pero no os volvisteis a mí"- declara el Señor.

Hageo 2:15-17

Es muy clara en estos versos que Dios estuvo declarando a su Pueblo: “La falta de necesidades y los problemas que ustedes han tenido, y todavía tienen, están causado por parte Mía.  Lo he hecho por un propósito.  Necesitan considerar sus vidas, y determinar donde han errado, para que estas problemas desparezcan”

No era suficiente construir el templo. Si no eran edificando sus vidas espirituales, el templo no iba a hacerles ningún beneficio.  Dios quería bendecirles, pero debido a la condición de sus corazones, El tenía que retener sus bendiciones.

Dios motivó el profeta regresar a ese tema, que había dado en la primera profecía, a fin de rectificar la condición de los corazones de Su Pueblo. Esto era y todavía es, el primero interés de Dios. El quería que aprendiesen una lección, a fin de que pudieran salir de sus problemas, y vivir en medio de Sus bendiciones. De esta manera, ambos la gente y el trabajo del Señor podían ser bendecidos.

Algunos dirían que Dios nunca hace nada a fin de dañarnos, pero esto depende.  Si aquellas personas quieren decir que cualquiera que Dios hace, es para nuestro beneficio, tengo que estar de acuerdo.  Sin embargo, si algunas personas dirían que Dios es un experto en usar la vara de corrección; precisamente Dios lo declara aquí.

Pecado siempre tiene consecuencias.  Dios es un Dios de bendición, pero todas Sus bendiciones son condicionales.  Si nosotros queremos recibir Sus bendiciones, debemos de caminar en justicia, buscando a El primero, y dejar las cosas del mundo atrás.

Obedecer a Dios en sí, no borra los pecados, nada mas nos guarda de más pecado.  Vivir correctamente tampoco borra nuestros pecados.  Tampoco hacer la obra del Señor de Su Reino.  Arrepentimiento es la única cosa que permite que la sangre de Jesús borre nuestros pecados.

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