Dios, ¿Por qué Creó al Diablo?
por Ricardo Murphy


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Me parece que cada creyente que cononzco está luchando con los ataques del diablo. Algunos tienen más grandes luchas que los otros, pero todos están teniendo luchas. A veces, estas luchas son tan severas, que parece que no hay manera para que el creyente gane.

Acaso has preguntado al Señor, en medio de una de aquellas luchas,"¿Por qué creaste al diablo?" Yo sí. Me parece a mí que la vida de un creyente sería mucho más fácil si no tuviéramos que aguantar los ataques incesantes del enemigo.

Sin embargo, necesito decirte, Dios tiene otra perpectiva que nosotros. El no se concierne tanto con nuestra commodidad que lo es con nuestro carácter. El no se enfoca para ver que tan "bendecidos" somos (con bendiciones materiales), él se interesa en la condición de nuestro corazón. Más de todo, Dios anhela que crezcamos y maduremos a la plena estatura de la imágen de Jesucristo.

Creerlo o no, Satanás es de hecho una provisión del amor de Dios para nosotros. Yo sé que suena loco, pero es verdad. Debido a que Dios creó a todo, esto significa que también creó a Satanás. Si creó a Satanás, debe de haber sido un propósito. La pregunta es ¿por qué?

Primeramente, nosotros necesitamos verdaderamente entender que Dios creó a Satanás. Isaías, capítulo 54, verso 16 dice: "He aquí, yo he creado al herrero que sopla las brasas en el fuego y saca una herramienta para su trabajo; yo he creado al devastador para destruir." El "devastador" mencionado en este verso es un nombre por el diablo. Dios está diciéndonos, por medio del profeta, que creó el diablo. Al hablar del herrero (forjador), también nos dice que El creó las armas que el diablo usa para atacarnos. Sin embargo, veamos este verso en su contexto:

En justicia serás establecida. Estarás lejos de la opresión, pues no temerás, y del terror, pues no se acercará a ti. 15 Si alguno te ataca ferozmente, no será de mi parte. Cualquiera que te ataque, por causa de ti caerá. 16 He aquí, yo he creado al herrero que sopla las brasas en el fuego y saca una herramienta para su trabajo; yo he creado al devastador para destruir. 17 Ningún arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se alce contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos del Señor, y su justificación viene de mí- declara el Señor.

Is 54:14-17

Dios empiece este pasaje por hablar acerca de establecer la justicia. Entonces, sigue al hablar de enemigos, armas, ataques y victoria. Después de esto, en lo que probablemente es uno de los versos más comúnmente usados acerca de la guerra espiritual, él nos dice que aquellas armas y aquellos enemigos no prosperarán contra nosotros. En otras palabras, está diciéndonos que Su creación del enemigo, y el permiso de emplear estas armas en contra de nosotros deben de tener un propósito; un propósito para nuestro beneficio. En fin, él habla de nuevo acerca de la justicia. Por lo tanto, este propósito tiene algo que hacer con establecer la justicia dentro de nosotros.

La destrucción es una parte natural del crecimiento. Si miramos al ciclo de vida de un bosque, vemos que la destrucción es una parte de este ciclo. Cuando sucede un encendio, sea empezado por un hombre o por un relámpago, causa nuevo crecimiento. Los viejos árboles mueren, y nuevos árboles, de tipos diferentes, crecen. De hecho, ciertos tipos de conos de pinos (que son las semillas del pino) requieren un encendio para abrirse. Si no viene un encendio de destrucción, ellas nunca pueden dar luz a la nueva vida.

Dios creó a Satanás porque El sabía que si nosotros no tuviéramos un enemigo en contra luchar, nunca creceríamos y maduraríamos, solamente nos estancaríamos y nos quedariamos bebes espirituales. Porque Dios quiere que crezcamos, El necesitaba proveernos con un enemigo en contra que tendríamos que luchar.

Piensa en ello de esta manera; si alguien quiere tener músculos fuertes, debe ejercitarse, para que los músculos puedan crecer y hacerse fuertes. De igual manera, si alguien quiere ser gran guerrero, debe ejecitarse usando las armas militares. O si quiere crecer su mente, debe estudiar, pensar, y trabajar para que su habilidad de usar su mente crezca. Es igual con el espiritual. Si queremos que nuestros espíritus crezcan fuertes y maduros, debemos trabajar y luchar para que crezcan.

Semejante a como el mejor oro se purifica en el crisol del fuego, y el acero más fuerte está templado (hecho más duro) en el fuego, los mejores creyentes están forgados en el fuego de la aflicción. Si Sadrac, Mesac y Abed-nego no hubieran pasado por el fuego de la aflicción, nosotros no les conoceríamos. Su grandeza sucedió por su habilidad de levantarse encima de los ataques del enemigo, y por medio de su fe, triumfar en lo que apareció ser circunstancias imposibles.

Cuando nos enfrentamos con unas circunstancias imposibles, nosotros también debemos levantarnos encima de ellas. En vez de permitir que sean piedras de tropiezo, debemos emplearlas por piedras de pisar, para subir más alto. Puede haber una lucha hacerlo, pero son estas luchas que nos ayudarán a crecernos en la plenitud que Dios quiere que seamos.

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