
El Mejor Amor
por Ricardo Murphy
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El amor es una palabra un poco extraño. Puede ser tan vago que uno no puede darle una descripción o definición. Pero, cuando lo encontramos, estamos seguros de lo que es, aunque nunca hemos sentido así. Si preguntamos a otros acerca del amor, ellos pretenden que están seguros de lo que es, aunque no nos pueden dar una definición; típicamente dicen, “Cuando lo encontrarás, estarás seguro que es el amor.” A través del mundo, la gente dice que se casa debido del amor. Pero, aunque dice que aman uno al otro, esto no quiere decir que en verdad tienen aquel amor. Vamos a ser honestos con nuestros mismos por un momento. Cuando usamos la palabra “amor” ¿exactamente que significa? ¿Qué tipo de amor experimentamos? Si por la verdad es el amor, ¿porque desparece tan fácilmente? ¿Porque tenemos tanta dificultad en mantener ese buen sentido en nuestros corazones? ¿Cómo es posible perder el sentido de amor por nada más una palabra mala, o una acción que no nos agrada; y reemplacerlo con algo que sienta muy fea? He trabajando años, con fuerzas, para mantener la emoción de sentirme enamorado en mi matrimonio; ambos en asegurar que siento así hacia mi esposa, y que ella se siente así hacia mí. Pero, por todo este tiempo, energía y dinero gastado, nunca puedo estar seguro que estamos protegidos de que algo venga e intente robar nuestro sentido de estar muy enamorados. Personalmente, siempre he sentido si aquella emoción es el amor verdadero, no habrá nada que puede cambiarlo; especialmente algo tan chico y temporal como una palabra maldicha. Después de todo, el amor debe ser eterno, ¿verdad? Quizás, si mi amor puede estar cambiado, o puede estar destruido tan rápido; quizás no ha sido un verdadero amor. Si queremos entender el concepto de amor, necesitamos ir a la fuente de amor, su creador, Jehová Dios. Puesto que El es amor (1 Jn;8,16), debe saber más acerca del amor que cualquier otro. Si escudriñamos Su libro, encontramos que nos ha dado una definición del amor:
Casi todo el tiempo, cuando miramos a aquellos versos, pensamos algo como “qué buena poesía,” o quizás pensamos, “sí, ya yo sé.” Pero, ¿Has tomado el tiempo una vez a fin de analizar aquella lista de cualidades, y asegurarte que lo entiendas? Se puede ser útil tomar esta lista como una manera de probar a nuestros propios corazones y verificar que las emociones que tenemos hacia nuestra pareja son el verdadero amor. Puedo destruir la idea que casi todos tienen acerca de la emoción de amor al usar solamente una de estas cualidades, la séptima en la lista, donde dice, “no busca lo suyo.” Vamos a tomar otro momento para ser honestos con nuestros mismos. ¿Cuántos de nosotros nos casamos con el propósito de ser una bendición a nuestra pareja? ¿No fue más auto céntrico de esto? ¿No es verdad que nos casamos a fin de recibir algo de nuestro cónyugue? Todas las mujeres se casan porque quieren que alguien les cuide, les compre regalos, les de palabras dulces en sus orejas, y en otras palabras que sea romántico a ellas. No se encuentra a una mujer que dice, “Desde la primera vez que lo vio, estaba segura que el anhelo de mi vida era cocinar, limpiar y planchar sus camisas, para que él sea contento.” No, ella quería recibir algo de la relación. Todos los varones se casan porque quieren alguien con quien tener relaciones sexuales regularmente. No se casan pensando, “Si solamente pudiera casarme con ella, será si bueno que ella se vaya al centro comercial para gastar todo mi dinero al comprar ropa de moda. Luego puedo sentarme con una gran sonrisa, y aplaudirla por la ropa costosa que compró.” No, igual como ella, él quería recibir algo de su relación. No me malentiendes, por favor, no estoy diciendo que es malo querer recibir algo de nuestros matrimonios; solamente estoy diciendo que esto no cumple la definición de amor que nuestro Creador nos ha dado. Mira, el amor verdadero se enfoca en dar, no en recibir. Es decir, cuando nos enfocamos en recibir, no actuamos en amor. En efecto, es el opuesto de amor. Cuando nos enfocamos en recibir, somos auto enfocados; pero, cuando nos enfocamos en dar, somos enfocados en la otra persona. Continuando un paso más, y aplicándolo a la relación matrimonial, lo que encontramos demasiados veces es que estamos dando el amor a nuestros cónyuges en proporción a lo que recibimos de ellos. Si no nos ha dado bastante para cumplir con nuestras necesidades y deseos, no les damos lo que ellos necesitan o quieren. Obviamente, nadie quiere admitir que se hace así, ni lo admite a si mismo; pero, por la verdad, esto es lo que hacemos. Déjame mostrarte un ejemplo muy común y obvio; el ejemplo de una esposa que no quiere hacer el amor con su marido. ¿Por qué no quiere? Típicamente, es porque él no ha cumplido con sus necesidades emocionales. Hasta que él las cumpla, ella no tendrá ningún deseo para cumplir las necesidades de él. O, ¿qué de un marido que no es romántico a su esposa? Quizás él dirá que no sabe como ser romántico; pero, la verdad es que no tiene ninguna motivación en ser romántico. ¿Por qué? Porque hay algo que su esposa hace que le agrada, o hay algo que él quiere que ella haga, y ella no lo hace. El amor no debe ser basado en condiciones; debe ser dado sin ninguna condición. Si esperamos hasta que el otro cumpla nuestra lista de requisitos, no actuamos en amor, nada más pagamos a nuestro cónyuge por su buen comportamiento. Podemos tomar la lista de Primera de Corintios, capítulo 13 y usarla como un examen de nuestro amor hacia nuestro cónyuge. Si alcanzamos bien, significa que el amor que tenemos hacia el o ella verdaderamente es el amor. Pero, si no recibimos buenas marcas, significa que tenemos unos problemas. Recuerda, esta lista es la definición de Dios del amor verdadero. No se dice nada referente ser apasionado, ni en comprar flores. Ni tampoco menciona algo acerca de cómo uno se siente en su corazón. Solamente habla de los actitudes que uno tiene, y como se expresan. Por cada de los puntos mencionados, califícate en una escala de 1 hasta 10 (en el formulario atrás del estudio); el 1 quiere decir que fallas mucho en aquella área, el 10 significa que eres un experto en mostrar aquella característica. Si no estás seguro lo que significa algo, dáte una calificación mala. Si no lo sabes, probablemente no lo haces. Si quieres, puedes calificar a tu cónyuge también. Mira, esto solamente puede funcionar si seas honesto con ti mismo. No te des una calificación más alta de lo que mereces, ni pongas lo que piensas que debes ser; califícate sobre que haces diariamente. Si solamente lo haces en su cumpleaños, esto no significa que es algo que haces todos los días. No busques la calificación de tu mejor día, sino tu día promedio. Si “sientes” algo, pero no lo pones en práctica, no califica tampoco. Uno puede decir a su mismo que siempre tiene paciencia hacia su esposa; pero, cuando se van a hacer compras, él siempre murmura a si mismo mientras que espera su esposa. En un caso así, tienes que aplicar el dicho que dice, “tus acciones hablan tan alto que no puede escuchar lo que dices.” Es increíble que tantas de estas cosas nos puedan causar problemas. Tomamos por ejemplo la paciencia. Es fácil pensar que somos pacientes, hasta que tenemos que esperar en un lugar donde no queremos esperar. ¿Cuántos varones pueden esperar pacientemente en una tienda de ropa, mientras que su esposa está en el probador (por lo que se siente como horas. O, ¿cuántas esposas pueden esperar pacientemente en el refaccionaría, mientras que sus maridos buscan una cosa que no se necesitan, pero quieren instalar en su carro? La paciencia es solamente paciencia cuando podemos mantenernos pacientes aunque las circunstancias, o acciones de alguien no nos agradan. Si puedes ser paciente mientras que esperas tu esposa porque te ocupas el tiempo mirando el fútbol en la televisión, no eres paciente. En efecto, si eres como muchos, probamente también estas orando que ella tarde, a fin de que puedas mirar más de tu partido favorito. Es paciencia verdadera cuando puedes esperar irse al juego de fútbol, aunque ella se tarda. Bueno, vamos a ver algo otro de la lista: la bondad. ¿Siempre estas bondoso hacia tu pareja? Mujeres, cuando llega el tiempo del mes emocionalmente difícil, ¿se mantienen bondadosas hacia sus maridos? Varones, cuando tienen un mal día en el trabajo, llegan a casa declarando a tus esposas que tan buenas son? ¿Por qué siempre se parece que las personas más cercas a nosotros reciben lo peor de nosotros? Si ellos son los que “amamos,” ¿no es justo que reciban lo mejor, en vez del peor? ¿Cómo podemos decir que les amamos si no podemos ser bondosos a ellos? No quiero enfocar en todas las cosas en la lista; entonces, permítame saltar sobre algunos. Ya he hablado de ser auto enfocado, por esto lo saltaré. Pero, ¿qué de lo que sigue? ¿Qué de ser irritable? ¿Es posible que seas alguien que se irrita fácilmente por las cosas que tu pareja hace? Todos tenemos cosas que nos hacen irritados fácilmente, lo que llamamos en inglés “cosas del botón caliente.” Son cosas que se parecen insignificantes a lo demás, pero nos hacen enojados al momento. La pregunta es, ¿si nos enojamos tanto cuando nuestra pareja lo hace, o ¿si nuestro amor es bastante para sobrevencer nuestro enojo? Sabes que esto es lo que Dios hace con nosotros. Su justicia requiere que sea enojado por nuestros pecados. Pero Su amor requiere que nos perdona. En efecto, Su amor lo causó pagar el precio por nuestros pecados; para que no tengamos que hacerlo nosotros. Déjame ver si puedo meter esto en la relación matrimonial. Una de las fallas comunes de los varones es que tiren su ropa sucia en el piso, en vez de ponerla en su lugar debido. Hay muchas esposas que se enojan por esta acción, especialmente cuando tienen que recoger tanta ropa que sus maridos dejan en el piso. Pero, si la esposa piensa (actúa) en amor, no estará enojado fácilmente por esta “falta.” En vez de estar enojado hacia su marido por su falta de consideración a ella, ella pagará el precio por el “pecado” de su marido, y recogerá la ropa sin murmurar. Pues, quizás este ejemplo te parece como algo muy chico; pero, ¿sabes qué? La gran mayoría de los pleitos matrimoniales son sobre aquellas cosas chicas. ¿Realizas que cuando Cristo fue a la cruz al pagar el precio de nuestros pecados, también pagó el precio por los pecados que cometemos uno contra otro? En el sistema sacrificial del Antiguo Testamento, había dos categorías básicas de pecados. Uno hizo holocostos por sus pecados en contra de Dios; o los hizo por la culpabilidad de sus pecados en contra de otra persona. Cuando Jesucristo fue a la cruz, fue como el último sacrificio por nuestros pecados y nuestra culpabilidad ambos. Jesús es el único sacrificio que necesitamos. La próxima cosa en nuestra lista dice “no guarda el rencor.” Pues, en esto, tengo que atormentar a las mujeres un poco. Me parece que ellas tienen una memoria mucha mejor en recordar las faltas de sus maridos (especialmente cuando comparamos sus memorias con sus maridos). Cada vez que hay una lucha verbal entre los dos, las mujeres tienen la capacidad de recordar cada instancia parecida que había pasado en toda la historia de su matrimonio. ¡Ojalá que Dios me había dado una memoria tan buena! Bueno, admito que hay cosas que son más difíciles olvidar, especialmente cuando hemos estado lastimados. Pero, tengo que preguntar, ¿Dónde esta la línea entre intentar de recordar algo malo que nos había pasado, y recordarlo aunque no lo queremos recordar? A veces, repetimos algo malo a nuestros mismos tantas veces que no hay posibilidad de olvidarlo. Creo que este verse refiere a los que intentan recordar lo malo. Pues, creo que ya tienes la idea de lo que estoy diciendo con esta lista. No es lo que pensamos de nuestros mismos que vale; es como actuamos diariamente que vale. Es fácil pensar que somos buenos, pero si nuestras acciones no están de acuerdo, no somos buenos. Podemos pensar que actuamos en amor, pero si nuestras acciones no son las de amor, no tenemos el amor. ¿Has escuchado a veces como las parejas de muchos años hablan uno del otro? Uno puede saber mucho de su matrimonio, solamente al escuchar como hablan. Cuando el matrimonio es bueno, se refleja en la manera que platica uno del otro. Igual cuando el matrimonio es malo, porque habla malo. Si pudiéramos regresar el reloj atrás por aquella pareja, al tiempo de su noviazgo, probablemente los encontraríamos hablando muy diferente; especialmente en los casos de las parejas que hablan malo hoy en día. Cuando una pareja cae enamorada todo que ve es lo bueno en el otro; no lo malo. Aunque sus amigos les muestran las fallas de su novio (o, novia), no los pueden ver. El amor, o al mínimo la lujuria es verdaderamente ciego. A través del tiempo, paramos de enfocar en el bueno que hemos visto en nuestras parejas, y empezamos de enfocar en lo malo que vemos. Bueno, no voy a decir que debes ignorar lo malo que existe en tu cónyuge; cada persona tiene asuntos buenos y asuntos malos en su carácter. Es normal ver lo malo junto con el bueno en cualquier persona que conocemos bien. El verdadero problema no es en verlo, es en enfocar en lo malo (negativo), en vez de enfocar en lo bueno (positivo). Entonces, si tu pareja tenía bastantes buenas características para sobrevencer las malas antes del matrimonio, ¿por qué te parece que las malas características sobrevencen las buenas unos años después? El matrimonio no tiene la característica de hacer personas peores, típicamente los hace mejor. La mayoría de la gente, varón o mujer, reacciona positivamente hacia la responsabilidad de cuidar a otros. Quizás no sabe tan bueno que hacer, ni como hacerlo, pero lo hará lo mejor que pueda. Típicamente, no son los malos hechos de otro que nos causan tantos problemas, es nuestra percepción de sus acciones. O, para decirlo en otra manera, el problema no es sus malas acciones, sino nuestra mala actitud. Porque tenemos una mala actitud hacia nuestro cónyuge, interpretamos sus palabras y acciones como si fueran malas. En efecto, no solamente los interpretamos malas, sino los hacemos más grandes en el proceso; haciendo algo chico ser algo grande; y, a la vez, ignorando las palabras y acciones buenas que hacen. Es interesante notar que nuestra percepción de las palabras y acciones de otro tiene más que hacer con como nos afecta que tienen las acciones. Cada uno tiene la habilidad de torcer algo bueno y aceptarlo como algo malo, solamente por la manera en como lo aceptamos. A la vez, podemos tomar algo que ha sido hecho con un propósito destructivo, y decidir ignorarlo, arruinando el impacto negativo de aquellas palabras. Nuestras actitudes tienen mucho que hacer en mantener una relación matrimonial que es buena, sana y amable. Pues, si así es, ¿por qué tantas parejas luchan con sus malas actitudes? ¿Por qué luchan tanto con pensamientos negativos, hacia los que ellos han prometido “amar hasta la muerte?” Hay dos partes de la respuesta por esta pregunta. La primera parte se encuentra en la palabra “perdonar,” y la segunda parte se encuentra en la palabra “decisión.” Déjame explicarlas.
Bueno, suena como buen consejo; pero, ¿como podemos aplicarlo a nuestras vidas? En verdad, solamente existen dos maneras para quitar el enojo. La primera es olvidar lo que causó el enojo, y la segunda es perdonar. Si actuamos como muchos, y solamente olvidamos la ofensa que nos hizo enojados, la ofensa puede quedarse en la mente y el corazón, esperando entraparnos. Por esta razón solamente olvidar no es una buena manera para quitar el enojo; por la verdad es solamente una manera para “cubrir” y “esconder” el problema. El enojo todavía existe, es solamente escondido. Demasiadas veces, otra ofensa parecida no solamente causa la cantidad del enojo normal por aquella ofensa, sino surge también el enojo de la primera ofensa escondida. Así, en vez de reaccionar normal hacia la nueva situación, sobre-reaccionamos, tratando con la nueva ofensa como si fuera más grande de lo que verdaderamente es. Entonces, por esta razón, solamente olvidando la ofensa no puede ser un acto de obediencia a lo que Pablo nos escribió allá en Efesios, capítulo cuatro; es solamente pretendiendo obedecerlo. Por la otra mano, al perdonar la ofensa eliminará el enojo a su raíz. Así no lo puede regresar, porque no existe. Déjame tomar un paso al otro rumbo por un momento. Mucha de la ofensa y enojo que tenemos en el matrimonio no es causado por lo que la otra persona hizo, sino por nuestra mala interpretación de lo hizo nuestro cónyuge. ¿Recuerdas lo que mencioné antes acerca de actitud? Por causa de nuestras malas actitudes, podemos tomar lo que esta hecho o mencionado en un cierto sentido, e interpretarlo en un sentido muy contrario. Unas palabras casuales, dichas sin mala intención, pueden llegar fácilmente a ser una ofensa, aunque no fue su intento. El acto de perdonar probablemente es uno de los actos de amor más grande que existe. Se dice, en efecto, “No importa lo que haces, todavía Te amo.” Si verdaderamente amamos uno al otro, esto debe ser nuestra reacción normal. No importa lo que el otro hace, nuestro deseo amarles sobrevencerá la ofensa, y nos motivará perdonarles. Déjame intentar de explicar esto con un ejemplo de mi propia vida. Cuando empezamos en el ministerio, mi esposa y yo, viajábamos en un autobús (motorhome) que el Señor nos dio. Al inicio, no tuvimos ninguna idea que tanto tiempo pasaríamos en aquel autobús; pero, al fin, estuvimos allí durante un total de nueve años. Si puedes imaginarlo, vivir en un lugar tanrestringido con toda la familia fue muy duro. Mi esposa nunca fue cómoda viviendo en el autobus (por lo cual no puedo echarle la culpa), pero lo aguantó. Muchas veces, ella tenía que orar, pidiendo la ayuda del Senor para cumplir el día, o a veces para cumplir la hora, viviendo en un espacio tan pequeño. Cuando llegamos al fin de los nueve anos, ella estaba al fin de su paciencia, no podía aguantar nada más. Mi esposa quería tanto hacer algo para cambiar nuestra situación, sin tener que cerrar el ministerio. Por tanto, me pidió permiso de regresar a su profesión como maestra en las escuelas públicas. De esta manera, yo podía continuar en el ministerio, mientras que ella trabajaba para ganar lo que necesitábamos para salir del autobús y vivir en una casa. Con el tipo de ministerio que tenemos, ninguno de nosotros podía ver una manera en que yo podía trabajar en un trabajo secular, y ministrar a la vez. Pues, aunque no estaba nada cómodo con la idea de tener a mi esposa trabajando afuera de la casa, le dio mi permiso. La razón que no quería que mi esposa regrese a trabajar en las escuelas fue que sabía que habría un precio que pagar. El precio de no tener tiempo por el ministerio, ni por la familia, ni para mí. De inmediato ella encontró un trabajo, y todo salió como he pensado. Trabajar como maestra no es un trabajo de horario normal, ni de ocho horas por día; requiere tiempo en las noches y el fin de semana por preparación y calificación de las tareas. Entonces, lo que pasó es que todo el tiempo de mi esposa fue gastado en su trabajo, y ella no tenía tiempo, ni energía para las cosas que pensaba serían problemáticas. Alguien tenía que cumplir las cosas que ella no podía, y el alguien fue yo; olvida el hecho que no yo no tenía tiempo para hacerlo, tenía que hacerlo. Allí es donde empezó mis problemas. Sentí abandonado, rechazado, y como si toda la familia empezara con la actitud de que mi trabajo no fue importante, porque no estaba ganando tanto dinero como mí esposa. Además, mi esposa tenía la expectativa de que cuando ella necesitaba ayuda en su trabajo, debía de dejar la mía para ayudarle; a mí, esto fue muy injusto. Como siempre, el diablo vino a ayudarme con los pensamientos y sentidos negativos. El siempre busca una oportunidad para traer división a nuestros matrimonios. Vino pues, a decirme que tan mala mi esposa me estaba maltratando, que tan injusto eran sus actitudes, y cualquier otra cosa negativa que pudo añadir para hacerlo peor. Déjame clarificar algo aquí. Mi esposa no hizo nada malo, aunque mis emociones sintieron como si ella me maltraba. No había un problema en sus acciones, sino en mi actitud hacia sus acciones. Muchas veces, los problemas que tenemos con los miembros de nuestras familias, y aun más con nuestros cónyuges, no son por lo que hacen, sino por como aceptamos lo que hacen. Si pensamos en lo positivo, sus acciones fueron buenas. Pero, si en lo negativo, reaccionamos con nuestras emociones y acciones, como si ellos habían hecho malo. Aquí es donde tenemos que meter el asunto del perdón. Amo a mi esposa. Desde siempre le he amado. Entonces, tener reacciones negativas hacia ella, por mis percepciones de sus acciones, no está de acuerdo con la definición de Dios por el amor. He tenido que tratar con mis acciones y actitudes; y lo he tenido que hacer solo. Entonces, ¿cómo podía yo tratar con esa situación? Por la verdad, hay solamente una manera recta, esto es perdonar. Tenía que perdonar a mi esposa por como había percibido la manera que ella me “maltrató.” Déjame clarificar algo aquí. No importa si alguien te ha maltratado, o si solamente piensas que te ha maltratado, todavía tienes que perdonarlo. No tenía que perdonar a mi esposa por el beneficio suyo, tenía que hacerlo por el beneficio mío. Necesité ser libre de las emociones que me estorbaban. No hay nada que nos libre tanto como perdonar a otro. Mientras que permitimos los sentidos malos en nuestros corazones, estamos encarcelados por aquellas emociones. Pero, al momento que perdonamos, somos libres (no es que ellos son librados por nuestra acción de perdonar). Obviamente, el enemigo no quiere que seamos libres, por esto trata de inmediato regresarnos a la cautividad. La manera más rápido hacerlo es regresar todos aquellos pensamientos negativos a nuestras mentes. Si los aceptamos, a la vez aceptamos el dolor y amargura que vienen junto con ellos. Así regresaremos a la cautividad. Pero, si los rechazamos, él tiene que esperar hasta otra oportunidad. Desafortunadamente, el diablo puede actuar con mucha paciencia a veces; pues, al mínimo, lo hizo conmigo. Si rechacé los pensamientos y sentimientos negativos, el regresó vez tras vez, tocando el mismo cántico malo vez tras vez, hasta que lo acepté. Aquí viene el gran secreto que aprendí de todo esto. Aunque hemos perdonado a alguien por lo que hicieron, o dijeron, quizás tendremos que hacerlo varias veces. Lo que intento decirte es, cuando permitimos el regreso de aquellos pensamientos y sentimientos negativos a nuestros corazones, es como si no lo habíamos perdonado. Por esta razón, tenemos que perdonarles otra vez. Cada vez que nos encontramos con los mismos pensamientos y sentimientos, tenemos que perdonarles otra vez. En efecto, tenemos que hacerlo bastantes veces para que nuestras mentes cesen de aceptar todas estas cosas negativas. Recuerdo algunas veces cuando tenía que perdonar a mi esposa veinte veces en un día por lo que sentía acerca de lo que ella había hecho. Aunque ella no hizo nada mala, tenía que perdonarla. Aunque ya la había perdonado, tenía que hacerlo otra vez. Una de las cosas más maravillosas sobre perdonar es que una vez que hemos perdonado, nuestras emociones hacia aquella persona cambian también. Es muy fácil sentir como no podemos perdonarles, pero una vez que decidimos hacerlo, como un acto de nuestra voluntad, nuestras emociones siguen nuestras acciones. El acto de perdonar abre el corazón para sentir positivo hacia la otra persona otra vez. Déjame añadir este punto, también. Si no perdonamos al otro, no podemos esperar que Dios nos perdone. Literalmente, al mantener el rencor en el corazón es una manera de tener un boleto garantizado para ir al infierno. No tienes que hacer unos “pecados grandes,” solamente no perdonar a su cónyuge. Jesucristo dijo:
¡Ay Señor! Si un requisito de ser perdonado es que yo tengo que perdonar, esto me da mucho ánimo perdonar todos que me ofenden. Quiero que Dios me perdone; entonces tengo que asegurarme que lo hago a los demás. Ya que hemos hablado del amor, y del perdonar, vamos a ver como se juntan los dos. He dicho dos cosas muy importantes hasta ahora que son muy importantes en conectar estos dos conceptos. La primera es que nuestras emociones siguen nuestras acciones. La segunda es que el perdonar es uno de los actos de amor más perfectos que existe. Voy a tratar con el segundo punto primero. Cuando esperamos que alguien venga a nosotros, para pedir el perdón, no actuamos en el amor verdadero. Hemos decidido que nuestro acto de amor, tiene una condición, la petición de ellos. Pero, cuando perdonamos a alguien que sentimos que nos ha maltratado, aunque quizás no sabe lo que hizo mal; estamos actuando en el amor verdadero. Si quieres ir un paso más adelante (y debemos de hacerlo), perdona a los que te ofenden, mientras que ellos están todavía en el acto de ofenderte; esto es el verdadero amor; como lo que Cristo hizo colgado en la cruz:
Esto es la primera cosa que la escritura nos dice que Cristo dijo colgado en la cruz. Aunque estaba sufriendo el dolor de la cruz, aunque estaban matándole; decidió perdonarles. ¡Esto es el amor perfecto! ¿Recuerdas lo que dije acerca de como nuestras emociones siguen nuestros acciones? Esto fue en el contexto del perdonar también. Dije que muchos luchan con el concepto de perdonar, porque no se sienten que pueden hacerlo.” Sin embargo, el perdón no es un acto de las emociones; sino es un acto de nuestra voluntad. También, dije que cuando perdonamos, nuestras emociones hacia la persona que te ofendió cambiarán. Esto es una de las cosas sorprendentes del acto de perdonar, nuestras emociones siguen nuestras acciones. Este concepto no es limitado solamente al acto de perdonar; podemos aplicarlo a toda la vida. Cuando tomamos una acción, si es positiva o negativa, buena o mala, nuestras emociones siguen aquellas acciones. Si actuamos como si tuviéramos odio hacia una persona, hablamos malo de ellos y buscamos oportunidades para hacerles daño, encontramos que sentiremos odio hacia ellos. Si empezamos hacer planes de matar a alguien, preparamos las cosas que necesitamos, y buscamos la oportunidad perfecta, llegaremos al punto de querer matarles. Pero, al otro lado, cuando empezamos de actuar en amor hacia una persona, encontraremos que se despertarán sentimientos de amor hacia ellos. Puede pasar con alguien que no conocemos, pero sentiremos amor hacia ellos. Igualmente, pasar tiempo pensando en que tanto les amamos nos ayudarán sentir el amor hacia ellos. Recuerda, el amor sin condiciones, o el amor perfecto, no espera que la otro persona haga lo que pensamos que ellos deben hacer; el amor verdadero se expresa cuando actuamos en amor mientras que ellos todavía se hace lo que pensamos es malo. Esto es el tipo de amor que Cristo nos mandó tener uno al otro; un amor que llega más allá de solamente perdonar, sino que se expresa a través de palabras y acciones, mientras que el otro nos muestra que no merece recibir nuestro amor.
Jesucristo es nuestro ejemplo del amor perfecto y sin condiciones. El nos mostró como hacerlo, luego nos dio un nuevo mandamiento; el mandamiento de amor. Todavía, El espere que amemos uno al otro en la misma manera que El lo hizo hacia nosotros.
Si no podemos manifestar este amor dentro del matrimonio, ¿Cómo podemos aprender manifestarlo en la iglesia? ¿Si no podemos aprender como manifestarlo en la iglesia, como podemos aprender como manifestarlo en nuestros trabajos? ¿Si no podemos aprender como manifestarlo en nuestros trabajos, como podemos aprender manifestarlo en el mundo que tanto lo necesita? Esto es la lección tan grande que Dios me enseñó en mi gran lucha, la lección de amar a mi esposa perfectamente, sin condiciones, mientras que mi mente y mis emociones me dicen que ella me estaba maltratando. ¿Cómo lo hice? Al hacer un esfuerzo especial de hacer un acto de amor especial hacia mi esposa, mientras que estaba luchando con estas emociones malas. No fue tan importante que acto de amor hice, sino que tomé el esfuerzo hacer algo. Algunas veces, le compré un regalito, otras veces, le preparé una cena especial (si, los varones pueden cocinar en la casa, sin perder su varonilidad), otras veces le escribí una carta de amor. El resultado de estos actos especiales de amor fue que mis emociones siguieron mis acciones. En vez de quedarme con los malos sentidos hacia mi esposa, sentí amor hacia ella. En verdad terminé con más amor hacia ella que nunca. Mi aflicción emocional, que vino debido a tenerla trabajando afuera de la casa, me trajo tener un amor aun más grande hacia la persona quien originalmente pensaba que me afligía. ¿Cómo te parece? Un gran cambio de corazón. Ya, no solamente preparo la cena cuando pienso que tengo que sobrevencer las emociones negativas, lo hago diariamente. Ella trabaja dura. Cuando regresa de su trabajo, tiene hambre. Si no preparo la cena por ella, y espero que ella lo haga para mi, soy hipócrita. ¿Cómo? Por decir que le amo, mientras que nada más busco lo que ella puede hacer para mí. Como hipócrita, mis acciones serán diferentes de mis palabras. Nuestro Dios, Jehová, habló a través de la pluma de Pablo, por su Espíritu Santo. Nos dio a los varones maridos este mandamiento:
La palabra “amor” en este verso es la palabra “ágape” en griego. Es la misma palabra que nos encuentra en Romanos 5:8 (que se encuentra en la página anterior) que habla del amor perfecto de Dios hacia nosotros. Si no tenemos el mismo tipo de amor, estamos en desobediencia a los mandamientos de nuestro Dios. La última vez que he visto, todavía esto se llama pecado. Mujeres, no tomen esto como si estuviera hablando nada más a los varones, tampoco. Jesús dijo, en Juan, capítulo 13, verso 34 que todos tenemos que amar uno al otro. Esta palabra por amor es la misma palabra que Pablo usó en Efesios 5:25. Entonces, igualmente como su marido está mandado amarle con un amor perfecto, sin condiciones; la esposa está mandado amarle a él con el mismo tipo de amor perfecto, sin condiciones. El amor de Dios hacia nosotros es abundante. El tuvo más amor en el acto de crearnos que podemos usar. Si faltamos el amor para regalar a nuestro cónyuge, solamente tenemos que pedirle que nos de más. Su amor nunca falta, y siempre está listo darnos más. Si tu matrimonio falta en la muestra del amor de Dios, toma un momento para arrepentirte delante de Dios, y perdonar a tu pareja por todo. No espera que ellos lo hagan; no hecha la culpa al otro. Acepta tu parte de la culpabilidad, y arrepentirte. Una vez que has hecho esto, permite que Dios te use como un instrumento de Su amor hacia tu pareja. Por hacer esto, recibirás una bendición de amor tan grande, que no puedes imaginarla.
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