Pasajes de "Dios de Pacto"
El Compromiso de Abraham La cumbre mayor de la fe de Abraham está vista en Génesis, capítulo 22. Allí, Dios puso la fe de Dios en exhibición para que toda Su creación la viera.
Tal como Abraham, todos nosotros pasamos por unas pruebas en nuestras vidas. De hecho, cada nivel de vida termina con una prueba. La cuestión es ¿qué tanto éxcito tenemos en la prueba bueno? ¿Vamos a salir bien, o vamos a faillar? Es exactamente tal como estar en la escuela. A fin de seguir al próximo grado, uno debe tomar un examen final y recibir buenas calificaciones. Si no, aquella persona necesita repetir aquel nivel de instrucción. Dios constantemente está "probando" Su gente. El no nos prueba para que sepa lo que haremos. Dios ya sabe lo que haremos en cualquier situación dada, El no necesita ponernos a través de un examen para saberlo. Pues, ¿a quién prueba su gente? El prueba su gente a sí mismos y a Satanás. Cuando estamos ante una prueba, ella nos enseña acerca de nosotros. También ella puede demostrar a Satanás que estemos rendidos a Dios. Una verdadera prueba desplegará nuesta fe al estar firmes por Dios aún si el costo personal sea muy grande. Fíjate que Dios dijo a Abraham que tomara su "único hijo" que él amaba y ofrecerle como holocausto. Es significativo que Dios dijo "único hijo." Después de todo, Abraham tuvo dos hijos, Isaac, e Ismael. Pero, en la perspectiva de Dios, Isaac fue el único hijo de Abraham. Ismael no fue parte de la promesa de Dios a Abraham, por lo tanto Dios no lo consideró cuando habló de Isaac como el "único hijo." Además, Abraham había mandado a Ismael e Agar que fueran al desierto. Por lo tanto Ismael no fue miembro del campamento de Abraham en aquel tiempo. También dice que Abraham amó a Isaac. Cada tiempo que Abraham habló con Dios, le dijo que necesitó un heredero. Esto fue algo extrememente importante a Abraham. Por lo tanto, cuando Dios le mandó ofrecer a Isaac como holocausto, fue evidente a Abraham que ésto pudiera ser el fin de todos sus sueños. Cuando Dios nos dice darle (ofrecerle) algo, tiene que costarnos algo. Si una ofrenda no te cuesta nada, por lo tanto no es verdaderamente una ofrenda que das, es nada más un acto religioso.
Un día, Jesús llevó a sus discípulos en una "excursión educativa" al templo. Ellos estuvieron al otro lado del lugar donde la gente trayeron sus ofrendas al Señor. Mientras que miraban, numerosos judíos ricos vienieron a traer sus ofrendas. Según la Escritura, algunas de aquellas ofrendas fueron muy grandes. Jesús no hizo ningún comentario respecto a ellas, hasta que vino una viuda pobre. Cuando la viuda dio su ofrenda, consistió de dos moneditas. Aquellas moneditas fueron tan pequeñas, y valieron casi nada, por lo tanto muchos dirían que ella no hubiera haber dado nada. Pero Jesús le honró por haber dado su regalo.
Aunque los ricos habían dado mucho más en términos monetarios, no les emocionó a Jesús porque ellos dieron de su exceso. No les costó nada ofrendar, porque ellos tuvieron mucho más en sus hogares. Sin embargo, dice que la viuda "echó todo lo que tenía para vivir." Lo que emocionó a Jesús fue que ella era dispuesta a dar, no importa lo que le costó. Esto demuestra que su amor por Dios fue más grande que su amor por sí misma. Si no estamos dispuestos a dar (ofrecer) algo a Dios, es que amamos a aquella cosa o persona más que le amamos a Dios. De hecho, yo lo diré aún más fuerte que ésto, a fin de decir que ella es un ídolo en nuestra vida. Dios debe estar en primer lugar, y cuando no le tenemos en aquel lugar, en la perspectiva de Dios, nosotros estamos fuera de relación con El.
Dar Isaac como holocausto fue costoso a Abraham, pero de todas modas, él fue dispuesto hacerlo. Aunque Isaac le era muy importante, Dios era más importante. Tan importante que cuando tenía que elegir entre los dos, él elegió ofrecer Isaac a Dios. El pacto que Abraham tenía con Dios tomó prioridad sobre su relación con su único hijo. ¡Esto fue un compromiso poderoso con Dios! Dios nos pedirá ofrecerle solamente algo que nos es importante. ¿Por qué? Porque al ofrecerle lo que opinamos que nos es importante, estamos poniéndole a Dios como nuestra más alta prioridad. Muchas veces, las cosas que Dios nos pide dejar, son cosas que nos dañarán si les guardamos. Esto no necesariamente significa que ellas son pecaminosas, sino que el guardarlas impedirá nuestra madurez cristiana en El. Más ofrecerles a El, Dios puede llevarnos a un nuevo y mejor nivel en nuestro diario vivir con El. Nosotros no necesitamos entender porque Dios nos pide ofrecer algo a El, y muchas veces no entenderemos el por qué tampoco. Ni podemos esperar que el Señor nos dé una razón por Sus acciones. Necesitamos confiar que lo que El está haciendo es por nuestro beneficio. Abraham no entendió las acciones de Dios, pero él supo que tenía que obedecerle. Por lo tanto, la próxima mañana, muy de mañana, él se preparó ofrecer a Isaac como holocausto al Señor.
¿Viste ésto? Abraham se despertó muy temprano la próxima mañana. El no perdió ningún tiempo en obedecer lo que Dios le había dicho. Cuando Dios te dice hacer algo, hazlo tan rápido que puedas. No esperes, porque cada minuto que esperas te causará irte más y más lejos de la perfecta voluntad de Dios para tu vida. Esto no significa que tú deberías apresurarte y correr a lograr a cabo una visión que Dios te da. Hay una diferencia entre visión and dirección. Cuando Dios te da una visión, El está mostrándote algo que El llevará a cabo mediante ti en el futuro. Necesitas esperar el tiempo perfecto de Dios, o tú faillarás en la visión. La dirección es las instrucciones específicas que Dios te ha dado respecto a un cierto asunto. La dirección es usualmente un cambio que Dios está intentando que hagas en tu vida. Esto es lo que necesitas hacer de inmediato. La otra cosa a notar en este verso es que Abraham hizo el trabajo sí mismo. Aunque tenía numerosos siervos, él no les delegó la obra del Señor. De hecho, en capítulo 14, unos años antes en su vida, Abraham tenía 318 siervos. Sin embargo, cuando trató de algo que El Señor le había dicho hacer, él les hizo sí mismo. Tú no puedes delegar que otra persona haga la voluntad de Dios para ti. Cuando El te trata acerca de algo, ésto no significa que tú debes intentar tratar con aquel mismo asunto en la vida de otras personas. Significa que tú necesitas cambiar. Después, acaso Dios puede usarte al tratar con otra persona acerca de aquel asunto, pero no hasta que tú tengas victoria sobre el. Al delegar las direcciones de Dios a alguien otro, tú estás diciendo a Dios que Su voluntad no está suficiente importante para que tú lo hagas ti mismo. Abraham rápidamente se puso a hacer lo que Dios le había mandado. Hizo sus preparaciones, y se fue para hacer la voluntad de Dios.
Necesitó tres días largos, sentando sobre la espalda de aquel asno para que Abraham llegara al lugar donde decidió obedecer lo que Dios le mandó. Esto dio a Satanás tres días para intentar a persuadir Abraham de no hacer según la voluntad de Dios. ¿Puedes imaginar los pensamientos que deberían haber pasado por la mente de Abraham durante aquellos tres días? "Amo a mi hijo, ¿cómo puedo ofrecerle? Pero, Yo necesito obedecer lo que Dios quiere que haga. ¿Cómo puede Dios cumplir Su promesa a mi, si mi hijo esté muerto? ¿Cómo puedo hacer lo que Dios me ha requerido? ¿Por qué Dios me está mandando hacer ésto?" Probablemente hubo mucho más preguntas que éstas. Después de todo, él tuvo tres días para que pudiera meditar en ellas. Sin embargo, como varón de pacto, Abraham no podía negar a Dios por decirle, "no." Esto fue el asunto principal en su mente. El era en pacto con Dios, y su compañero de pacto, Dios, había requerido algo de él. Tan difícil que le fue ofrecer a Isaac en el altar, y tantos pensamientos que tenía, Abraham supo que tenía que hacerlo. Por fin, Abraham vio el lugar del cual Dios le había platicado. El sabía que el tiempo fue corto, y que él tendría que ofrecer a Isaac en el altar. De todas modas, él mantuvo su fe y su buenas ganas de obedecer a Dios.
Abraham no supo que estaba hablando proféticamente cuando dijo ésto. El tuvo la dirección de Dios, y él la obedecería. Tampoco compartió la carga de esta dirección de Dios con otros. El dijo a los siervos que iban a hacer un sacrificio, pero no les dijo que iban a sacrificar.
Abraham aún no compartió la carga de su tarea con su propio hijo. Aunque Isaac iba a ser la ofrenda, Abraham aun le hablaba palabras de fe. El hecho de que ellos fueron a sólas, no le importó. Esto iba a ser prueba suya, no una prueba para Isaac.
Aunque Abraham no supo el intento de Dios en esta situación, él sí conoció a su Dios. De alguna manera u otra, Dios arreglaría esta situación para que de todas modas El podría cumplir Su promesa de pacto a Abraham. El autor de Hebreos dice que Abraham "consideró que Dios era poderoso para levantar aun de entre los muertos" (Heb 11:19). En un sentido, ésto es lo que pasó, pero ésto no es el punto. Abraham supo que Dios haría algo a fin de guardar Su promesa de pacto. Esto es todo lo que necesitaba saber. No tenía que saber como, solamente que Dios lo llevaría a cabo. La fe dice que Dios lo hará, y no se preocupa de "cómo."
Por fin, ellos llegaron al lugar donde Abraham iba a ofrecer a Isaac sobre el altar. Ellos edificaron el altar, preparon la leña, puso el cuchillo y el fuego al lado, y Abraham ató a Isaac en el altar como el sacrificio.
¿Te fijaste que Isaac no peleó con Abraham, ni corrió de él? Aunque Abraham tenía más de 100 años, e Isaac era jóven, no hubo ninguna pelea. Por supuesto, si Isaac había querido correr del lugar, él hubiera podido fácilmente corrido más rápido de su padre, pero, él también, fue hombre de fe. Si Dios mandó que él fuera el sacrificio, así él fue completamente dispuesto serlo. Abraham obviamente había trasmitido su fe a su hijo. No solamente fue Abraham un hombre de fe, sino también Isaac fue hombre de fe. El había sido entrenado muy bien, y ellos estuvieron de acuerdo respecto a este sacrificio. Abraham tomó el cuchillo, miró a su hijo por la última vez, levantó el cuchillo, y mientras que él estuvo al punto de bajarlo para matar a su hijo, el ángel del Señor, le gritó ¡Párate!"
Abraham no tuvo que matar su hijo. El miró hacia arriba, y vio un carnero que fue atrapado en un matorral, y por lo tanto, los dos hombres juntos lo ofrecieron como holocausto a Dios.
Las palabras proféticas de fe que Abraham había dicho anteriormente, habían sido llevado a cabo. Dios definitivamente había provisto el cordero, y ambos él y su hijo regresaron después de adorar a Dios. |
Continuado en el Libro "Dios del Pacto"
Copyright © 2004 por Richard A. Murphy, Maranatha Life. Todos direchos reservados.